En defensa del buzón

Hoy en día pasan desapercibidos, aguardan olvidados a que alguien les preste algo de atención, la lluvia oxida sus formas y sus dueños apenas podrían recordar cuándo fue la última vez que los abrieron; pero hubo un tiempo en que los buzones albergaban la ilusión de nuestros hogares. ¿Quién no sonreía sorprendido al abrir el buzón y encontrar una postal enviada desde Austria o Sitges por un amigo?, ¿o cuántas cartas de amor se han enviado con sellos y esperanza de que la receptora responda?, ¿y qué hay de esas postales navideñas o invitaciones de boda?…

No, ahora ya no se invierte tiempo, ni papel ni palabras reflexionadas para comunicarnos con amigos, amantes o familiares. Ahora con el whatsapp nuestro mensaje llega de manera más rápida y económica. Un emoticono puede decir tanto…y tan poco a la vez. Lo que sí llega al buzón son facturas, propaganda del restaurante chino “Los palillos” y multas.

En cambio, cuando recibes una carta, sabes que aquella persona se ha tomado tiempo para dedicarte unas letras, ha seleccionado bien el folio o el sobre, ha invertido unos céntimos en el sello y te la ha enviado con mucha, mucha ilusión de que la recibas.

Sigo siendo de esas personas románticas a quienes les gusta recibir correspondencia en los buzones. Y también enviarla. Creo que una de las mejores cosas que le pueden pasar a una es no perder la capacidad de sorprenderse ni de sorprender. Por eso me propuse hace unos años recuperar eso de “enviarse cartas/postales entre amigos” y darle un poco de vidilla al buzón. “¿Cuánto hace que no recibías una carta?”, esa era la pregunta con la que comenzaba mis cartas.

Tengo que reconocer que logré mi objetivo: alegrar a quienes recibieron la carta; y no solo eso, sino que algunos hasta me respondieron.

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A esta iniciativa, le sumé mi afición a fotografiar buzones pintorescos que me iba encontrando paseando por Mallorca y otras ciudades.

Puede que el whatsapp haya matado al buzón. O tal vez la correspondencia manuscrita ya fue herida de muerte antes, con el teléfono y luego el e-mail. No hemos dejado de comunicarnos, sino que hemos cambiado los medios escogidos para comunicarnos, pero claro, de ahí nace otra pregunta: ¿hemos mejorado con ese cambio nuestra comunicación?

Me cuesta imaginar un futuro en que las casas ya no dispondrán de buzones y en el que los souvenirs no vendan postales. ¡Ay!, las postales de tiendas de souvenirs, ellas sí que merecen un post aparte ;).

De esa resistencia a abandonar la correspondencia escrita, nace mi  homenaje al buzón.

¿Y tú?, ¿cuánto hace que no recibes una carta en tu buzón?

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Un buzón muy coqueto con sus flores y su puntilla espera recibir cartas con buenas noticias en Valldemossa (Mallorca).
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2 comentarios sobre “En defensa del buzón

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