La constelación del perro – Peter Heller

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Peter HellerBlackie Books | Traducción de Blanca Rodríguez y Marc Jiménez Buzzi | 320 páginas | Ilustradora: Núria Picos

Sinopsis

Los humanos casi se han extinguido. Big Hig no está infectado, así que sigue aquí. Intenta mantenerse con vida en un hangar junto a su perro. También con la ayuda de su pequeño avión Cessna y de Bangley, su vecino violento. Y con un libro de poemas, algo de petróleo y cada lata de Coca-Cola que puede conseguir. Su esposa también ha muerto (está tan solo que inventó una constelación para ella). Incluso cuando parece que ya no queda nada, él quiere continuar. Pero sobrevivir ya no es suficiente. Entonces se le presenta la oportunidad de cambiarlo todo, de lanzarse a la búsqueda de lo desconocido para encontrar algo que jamás hubiese imaginado.

Mi comentario

“Al principio fue el Miedo.” (p.18)

Uno de los géneros con los que suelo disfrutar son las distopías, es decir, un mundo imaginario pues me permiten reflexionar acerca de hacia dónde vamos como civilización y el universo de posibilidades (perdón por la expresión tan manida) del que disponemos. No he leído ni tengo interés en futuros apocalípticos con zombies. Mi mirada hacia el futuro se plantea más preocupación por lo “social”.

Creo que algunos libros en los que se describe un mundo futuro, pueden aferrarte aún más a tu presente. De hecho, 1984 es uno de mis libros favoritos y sin duda sería uno de los que “me llevaría a una isla desierta”. Lo he leído ya más de cuatro veces y no me cansaré de hacerlo otras tantas más.  He sucumbido a varios relatos “sobre el futuro”: Kallocaína, Farenheit 451, Moscú 2042, Un mundo feliz, En la carretera… y La constelación del perro no ha sido la excepción.

La constelación del perro es un libro escrito a fuego lento. Tan a fuego lento que puede dar la sensación de que nada sucede, pero en realidad, es todo lo contrario.

Peter Heller ha escrito otra historia de supervivencia y de la búsqueda de la belleza en esa supervivencia, bien sea en una noche estrellada, en una mirada o en un vuelo en avioneta. Y aunque se nos presenta un escenario apocalíptico (solo ha sobrevivido un 1% de la población tras una epidemia provocada por una variante de la gripe), esta historia es, ante todo, un canto optimista.

En cuanto a aspectos más técnicos, la novela está estructurada a modo de diario en tres partes (tres libros o cuadernos escritos por el narrador). De ahí que leemos las reflexiones y pensamientos del protagonista, Big Hig. Así, a su vez, Hig es testigo y actor de los hechos narrados. Su relato no contiene demasiada acción; más bien, es reflexivo y sosegado. Reflejo de la estabilidad en medio del caos que ha alcanzado el protagonista. Por eso, podemos leer reflexiones acerca de lo que fue su pasado, recuerdos de su mujer fallecida, indicaciones de cómo sortear los ataques de otros supervivientes (enemigos, al fin y al cabo, “solo puede quedar uno”) y cómo seguir motivándose cuando ya no queda nada.

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En este desierto de Colorado distópico Big Hig podría representar “lo humano”, la sensibilidad, la nostalgia… Pese al dolor de su supervivencia, aún hay un lugar en él para la compasión, para buscar la belleza en todo lo que le rodea y que no cree que “valga todo” en una situación extrema. Que puede recordarnos a Orwell cuando nos dice que “lo importante no es mantenerse vivo sino humano”. Pero Big Hig no está solo en esta realidad. Por un lado, está su compañero de supervivencia, Bangley, el perfecto antagonista: práctico, primario, arisco. Un superviviente que lleva el “todo vale” al extremo. A lo largo de los tres libros iremos viendo en qué consiste su convivencia y cómo cuidan el uno del otro, aunque a primera vista no lo parezca. Y por otro lado, siempre junto a Big Hig, su fiel perro Jasper, con quien comparte muchísimas noches al raso y vuelos en La Bestia, la avioneta en la que viven. A todos ellos, se les irán uniendo otros personajes: unos ya no están y otros también sobreviven en esa Tierra asolada por el virus.

“Es curioso cómo puedes pasarte la vida esperando sin saberlo. […] Esperando a que empiece la vida de verdad. Quizás lo más real sea el final.” (p.212)

En suma, un relato de contrastes: desolador y a la vez, lleno de esperanza, que te obliga, durante su lectura, a evaluar tu presente. Aunque sea para preguntarte “¿Y qué haría yo en su lugar?” o “¿qué da sentido a mi vida ahora mismo y qué daría sentido a mi vida en una situación como la que plantea en el libro?”. Y es que a veces la esperanza puede ser el destello de luz de una estrella en la noche más oscura o sentir la compañía de otro ser vivo, un perro tal vez.

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Constelación de Canis Maior

3 Comentarios

  1. Parece interesante la historia… Me pregunto cómo será el personaje del perro. Siempre es muy difícil transmitir personajes ‘animales’ en las historias con realismo – creo yo. Últimamente estoy leyendo muchas distopias… por ejemplo, ‘Station Eleven’ (‘Estación Once’ en español.) En esta historia también hay un virus malévolo que acaba con el 99% de la población… ¿Por qué estas historias se ponen de moda ahora? Aunque con los tiempos que corren, tampoco me extraña. Aquellos días en los que Lancaster se inundó y estuvimos sin cobertura/electricidad/internet durante 3 días también me sentí viviendo en una novela post-apocalíptica…

    ¡Gracias por postear siempre cosas interesantes! 😉

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    1. ¡Gracias Inés por pasarte por aquí y comentar! Me alegro de que hayas sobrevivido a las lluvias generosas en Lancaster (me temía lo peor al ver algunas imagénes en las noticias y encima no actualizabas tu blog. Me alegro de que estés viva y posteando jejjee).
      Me parece muy interesante tu comentario sobre “animales” e historias con realismo. Es cierto que no es tan fácil plasmar una relación hombre-perro creíble (aunque parezca simple de buenas a primeras). Ni todos los gatos son Garfield ni todos los perros son Totó.

      He leído recomendaciones de Station Eleven y creo que igual será una de las lecturas del 2016. Creo que las distopías están de moda porque quizás estamos viviendo tiempos de cambio y ya se sabe que algunos afrontan el futuro o los cambios con miedo o inquietud. Es inevitable pensar “¿qué haría yo si el mundo tal y como lo conozco cambiara de la noche a la mañana?”. Y algunos no se detienen en pensar la respuesta, sino que hasta escriben un libro. Escribir una distopía es una de mis asignaturas pendientes. Solo pensar en un futuro sin café, padezco taquicardia jejeje.

      ¡Saludos!

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