La constelación del perro – Peter Heller

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Peter HellerBlackie Books | Traducción de Blanca Rodríguez y Marc Jiménez Buzzi | 320 páginas | Ilustradora: Núria Picos

 

Sinopsis

Los humanos casi se han extinguido. Big Hig no está infectado, así que sigue aquí. Intenta mantenerse con vida en un hangar junto a su perro. También con la ayuda de su pequeño avión Cessna y de Bangley, su vecino violento. Y con un libro de poemas, algo de petróleo y cada lata de Coca-Cola que puede conseguir. Su esposa también ha muerto (está tan solo que inventó una constelación para ella). Incluso cuando parece que ya no queda nada, él quiere continuar. Pero sobrevivir ya no es suficiente. Entonces se le presenta la oportunidad de cambiarlo todo, de lanzarse a la búsqueda de lo desconocido para encontrar algo que jamás hubiese imaginado.

 

Mi comentario

“Al principio fue el Miedo.” (p.18)

Uno de los géneros con los que suelo disfrutar son las distopías, es decir, un mundo imaginario indeseable. Creo que libros en los que se describe un mundo futuro, pueden aferrarte aún más a tu presente. Y aunque esta frase me ha quedado algo espiritual o cutre o sin mucho sentido, voy a intentar explicar por qué a continuación. He sucumbido a varios relatos “sobre el futuro”: 1984, Kallocaína, Farenheit 451, Moscú 2042, Un mundo feliz, La carretera….y en 2015 con La constelación del perro.

Sé que al estrenar año, mi primera reseña debería ser sobre un libro leído en 2016 pero me sentía en deuda con La constelación del perro y no quería posponer más el pago.

La constelación del perro es un libro escrito a fuego lento, sí señor. Tan a fuego lento que durante muchísimas páginas pensaba “Por favor, que suceda algo ya” pero donde yo creía que no sucedía nada, sí que sucedía y vaya que sí. Sucedía que el protagonista, Big Hig, iba cayéndome cada vez mejor; que empezaba a encariñarme con Jasper, su perro y que ese futuro devastador en el que el poder está en una lata de refresco, empezaba a ocupar un espacio en mi mente. Hasta que llegó un momento en el que no podía dejar de pensar en todo lo que se narra a lo largo de 300 páginas.

Es otra historia de supervivencia y de la búsqueda de la belleza en esa supervivencia, bien sea en una noche estrellada, en una mirada o en un vuelo en avioneta. Y aunque se nos presenta un escenario apocalíptico (solo ha sobrevivido un 1% de la población), esta historia es, ante todo, un canto optimista.

Su prosa es poética y la novela está estructurada a modo de diario en tres partes (tres libros). Su lectura es densa, sí. Hay vocabulario aeronáutico y nombra a tanta fauna y flora, que me confundía. Debo reconocer que cuando terminé la lectura, sentí que le sobraban algunas páginas. Pero siempre tiendo a pensar que tal vez esas páginas que a mí me resultan sobrantes, el autor considera que son la pieza que hace que el puzzle encaje. Y ante todo, respeto al autor.

Su narración es profunda y corre a cargo del protagonista, Big Hig. Así que a su vez, Hig es testigo y actor de los hechos narrados. Su relato contiene tanto acción, como reflexiones acerca de lo que fue su pasado, de su mujer fallecida, de cómo sortear los ataques de otros supervivientes (enemigos, al fin y al cabo) seguir motivándose cuando ya no queda nada.

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En cuanto a los personajes, por un lado, tenemos a Big Hig que podría representar “lo humano”, la sensibilidad, la nostalgia…pese al dolor de su supervivencia, aún hay un lugar en él para la compasión, para buscar la belleza en todo lo que le rodea y que no cree que “valga todo” en una situación extrema. Y por otro, su compañero de supervivencia, Bangley, el perfecto antagonista: práctico, primario, arisco. Un superviviente que lleva el “todo vale” al extremo. A lo largo de los tres libros iremos viendo en qué consiste su convivencia y cómo cuidan el uno del otro, aunque a primera vista no lo parezca.

Y junto a Big Hig, su fiel perro Jasper, con quien comparte muchísimas noches al raso y vuelos en La Bestia, la avioneta. A todos ellos, se les irán uniendo otros personajes: unos ya no están y otros también sobreviven en esa Tierra asolada por el virus.

“Es curioso cómo puedes pasarte la vida esperando sin saberlo. […] Esperando a que empiece la vida de verdad. Quizás lo más real sea el final.” (p.212)

En fin, un relato de contrastes: desolador y a la vez, lleno de esperanza, que te obliga, durante su lectura, a evaluar tu presente. Aunque sea para preguntarte “¿Y qué haría yo en su lugar?” o “¿qué da sentido a mi vida ahora mismo y qué daría sentido a mi vida en una situación como la que plantea en el libro?”. Y es que a veces la esperanza puede ser el destello de luz de una estrella en la noche más oscura.

Es un libro que recomiendo; aunque su lectura pueda ser pesada regala escenas que te pellizcan el corazón.

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Constelación de Canis Maior

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3 comentarios sobre “La constelación del perro – Peter Heller

  1. Parece interesante la historia… Me pregunto cómo será el personaje del perro. Siempre es muy difícil transmitir personajes ‘animales’ en las historias con realismo – creo yo. Últimamente estoy leyendo muchas distopias… por ejemplo, ‘Station Eleven’ (‘Estación Once’ en español.) En esta historia también hay un virus malévolo que acaba con el 99% de la población… ¿Por qué estas historias se ponen de moda ahora? Aunque con los tiempos que corren, tampoco me extraña. Aquellos días en los que Lancaster se inundó y estuvimos sin cobertura/electricidad/internet durante 3 días también me sentí viviendo en una novela post-apocalíptica…

    ¡Gracias por postear siempre cosas interesantes! 😉

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    1. ¡Gracias Inés por pasarte por aquí y comentar! Me alegro de que hayas sobrevivido a las lluvias generosas en Lancaster (me temía lo peor al ver algunas imagénes en las noticias y encima no actualizabas tu blog. Me alegro de que estés viva y posteando jejjee).
      Me parece muy interesante tu comentario sobre “animales” e historias con realismo. Es cierto que no es tan fácil plasmar una relación hombre-perro creíble (aunque parezca simple de buenas a primeras). Ni todos los gatos son Garfield ni todos los perros son Totó.

      He leído recomendaciones de Station Eleven y creo que igual será una de las lecturas del 2016. Creo que las distopías están de moda porque quizás estamos viviendo tiempos de cambio y ya se sabe que algunos afrontan el futuro o los cambios con miedo o inquietud. Es inevitable pensar “¿qué haría yo si el mundo tal y como lo conozco cambiara de la noche a la mañana?”. Y algunos no se detienen en pensar la respuesta, sino que hasta escriben un libro. Escribir una distopía es una de mis asignaturas pendientes. Solo pensar en un futuro sin café, padezco taquicardia jejeje.

      ¡Saludos!

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