Amsterdam – Ian McEwan

«De vez en cuando lo distraían otros pensamientos, y a ratos leía algo, pero en general ése fue el tema recurrente de su viaje hacia el norte: la larga y estudiada redefinición de una amistad.» (p.79).

Amsterdam

¿Qué supone una amistad incondicional? Eso es lo que plantea Ian McEwan en Amsterdam, una novela corta, con una trama interesante, intriga y repleta de dilemas morales. Pero… Con un «pero». Si quieres saber cuál es, sigue leyendo.

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Lectura de verano

Amsterdam | Ian McEwan | Anagrama 198 pgs | Premio Booker 1998

 

Sinopsis: Molly Lane ha muerto a los cuarenta y seis años de edad. Era una mujer muy libre, muy seductora, y en su entierro se encuentran presentes los cuatro hombres más importantes de su vida: Clive Linley, músico famoso; Vernon Halliday, periodista y director de uno de los grandes periódicos del país; George Lane, su poderoso y multimillonario marido, y Julian Garmony, un notorio político de derechas, actual ministro de Asuntos Exteriores y candidato a primer ministro. Clive y Vernon son amigos desde los lejanos y felices años sesenta, y ambos fueron amantes de Molly cuando todos ellos eran jóvenes, idealistas y pobres. George, el marido, entró mucho más tarde en la vida de la fascinante mujer y jamás pudo poseerla del todo, excepto en el terrible período final, de descenso a los infiernos de la pérdida de memoria y la desintegración mental, en el que se convirtió en su implacable cuidador y carcelero. Y con respecto a Garmony, representante de la derecha más pura y dura y de todo lo que Vernon, Clive y Molly odiaron durante toda su vida, ni el periodista ni el músico pueden explicarse qué era lo que Molly veía en él, qué extraña relación les unía. Pero lo descubrirán pocos días más tarde cuando George, el marido, le ofrece a Vernon unas espectaculares fotos del futuro primer ministro vestido con unas excitantes ropas de mujer. Fotos tomadas precisamente por Molly y que serán el disparo de salida de esta feroz, cínica, mordiente fábula moral.

El autor

Aldershot, (1948-  ). Ian McEwan, novelista y guionista, vivió en su infancia numerosos traslados por el oficio militar de su padre. Tras abandonar sus estudios, McEwan viajó a Grecia, donde se ganó la vida como barrendero. Posteriormente asistió a las universidades de Sussex y East Anglia. En esta última fue el primer estudiante inscrito en el curso de Escritura creativa impartido por Malcolm Bradbury.

Sus dos primeras colecciones de relatos resultaron muy controvertidas, pues el autor empleó en ellas un estilo muy elaborado para ofrecer extraños relatos cotidianos de obsesiones sexuales, perversidad y muerte. La temática de sus creaciones, su talento narrativo y su original sentido del humor le han convertido en uno de los autores más respetados de la narrativa inglesa actual. Otras de sus obras son Expiación, Amor perdurable, Operación Dulce, El inocente, La ley del menor, entre otras.

Mis impresiones

No sé si Amsterdam puede ser la mejor aproximación a su narrativa pero el azar así lo quiso ya que era el único ejemplar disponible de este autor en la biblioteca municipal de Alaró.

McEwan me ha parecido un excelente narrador, capaz de construir frases bellísimas, de esas que quieres releer varias veces porque deseas capturarlas en algún rincón de tu memoria a largo plazo. Y además, domina perfectamente la intriga, seduciéndote párrafo a párrafo, con lo que inevitablemente devoras la novela sin darte cuenta.

La novela te atrapa desde el principio. En ella, McEwan aborda básicamente la amistad, su declive y pone sobre la mesa conflictos morales. Dos amigos, Clive (compositor famoso) y Vernon (periodista y director de un periódico), acuden al funeral de una amiga y antigua amante de ambos, Molly Lane.  En el funeral coinciden con George, multimillonario viudo de Molly, y Julian Garmony, ministro de Asuntos Exteriores y candidato a primer ministro. Los diálogos entre los cuatro amantes, a lo largo de las sucesivas escenas nos muestran su personalidad y a través de ellos conocemos más a Molly. A mi juicio, Molly es el personaje más interesante pese a ser la gran ausente. Su biografía y su personalidad -libre y pasional- tienen claros y oscuros y solo los vamos descubriendo en el recuerdo que de ella tienen los cuatro hombres que compartieron fragmentos de su vida.

«Una nota sugería la siguiente en una serie de encadenamiento. Lo oyó, lo aprehendió, y luego lo perdió. Le quedó el punzante poso de su persistencia en el oído, y el evanescente timbre de una breve melodía triste. Y tal sinestesia se le antojó un tormento. [..] No era totalmente triste; también había en ella alegría, un decidido optimismo opuesto a todo pronóstico adverso. Y valor.» (p.99)

Reconozco que perdí levemente el interés en un punto en el que se narra o se plasma una digresión sobre la creación artística y el mundo del artisteo, en boca del personaje de Clive. No me avergüenza reconocerlo; pero, ¿cómo decirlo? Esa divagación musical me despistó totalmente de la trama. Superado este breve escollo, la novela sigue su curso y retomo el interés como si nunca se hubiera ido.

 Vernon recibe de la mano de George, las escandalosas fotografías íntimas del ministro Garmony. La decisión de publicar o no las fotografías en su periódico son la excusa para que la amistad con Clive, contrario a la publicación, comience a erosionarse. Y Amsterdam se vuelve aún más interesante al mostrarnos las diferentes reacciones de ambos personajes, cómo vive cada uno su decepción con el otro. Ian aprovecha este conflicto de intereses (aunque yo diría que de valores) para plantear una reflexión acerca de los límites de la lealtad en la amistad. ¿Acaso debo apoyarte en actos que son contrarios a mi manera de pensar solo porque nos llamamos «amigos»?, ¿qué implica la incondicionalidad en la amistad?

«A veces les sucede a quienes rumian en exceso alguna injusticia: que el gusto por la venganza se alía muy oportunamente con el sentido del deber.» (p.168)

Y llegamos a un inesperado final. Y lo de inesperado no lo digo como elogio, ya que —y es mi opinión—, el final no está a la altura del 95% del contenido anterior. Sobre todo, porque me pareció apresurado e inverosímil. Tal fue mi sorpresa que cuando terminé de leer la última página, pensé que se me había pasado algo por alto y releí de nuevo las diez últimas páginas. Tuve una sensación agridulce, como si me hubiera faltado algo. Pero no sabría decir el qué.

En conclusión, la recomiendo como primera aproximación a McEwan. Una novela con un contenido totalmente atemporal -bien podría seguir ambientándose en la actualidad- en el que los protagonistas se enfrentan a dilemas tales como el derecho a la información vs el derecho a la privacidad; la amistad vs la ambición profesional y la venganza y el resentimiento como motor de conducta.  Cada personaje se caracteriza por su falta de ética y, a pesar de ello, se dedica a juzgar al resto de los personajes por eso mismo.

 Mi primera novela de McEwan y desde luego no será la última. 

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