Irène Némirovsky: la inmortalidad del talento

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Irène Némirovsky

¿Cuántas veces puede renacer una persona?, ¿de cuántas maneras se puede sobrevivir?, ¿puede una escritora renacer en cada una de sus obras?, ¿es posible sobrevivir, más bien vivir eternamente, en los textos que escribiste y que siguen aumentando lectores y admiradores con el paso del tiempo?

Renacer. Esta es la palabra que me evoca el nombre de Irène Némirovsky. También pasión vital por la escritura. Y cómo no, supervivencia.

Cuando te aproximas a la figura de Irène e indagas sobre su vida no tarda en llegar el momento en el que su biografía te parece tanto o más interesante que sus obras.

Irène es un claro ejemplo de supervivencia y de renacimiento. Y os explicaré por qué en esta primera entrada.

De supervivencia porque desde su infancia pasó de un exilio a otro; creció con la ausencia de amor materno; se adaptó a cada ciudad y cultura a la que su familia se trasladaba; abrazó el catolicismo para sobrevivir; renunció al exilio y se refugió en su pasión, la escritura, para vivir eternamente en sus obras.

Y de renacimiento pues con cada exilio nacía una nueva Irène. En cada ciudad y cultura a la que se adaptaba, emergía una Irène más libre, más convencida de quién era y de lo que quería ser. Y en cada novela, también brotaba con fuerza su talento literario. Se trató de callarla con las leyes antisemitas y aún así siguió escribiendo. La asesinaron; pero sus hijas se salvaron y con ellas aquel manuscrito inacabado de lo que ella consideraba su obra maestra. Con la reedición de sus obras volvió a resurgir otra Irène, admirada y aplaudida por la crítica. Y sigue así hasta hoy.

Este proyecto me ha permitido caminar por la mente de Irène y su obra. Me ha enseñado a buscar las ideas, pesadillas y sueños de la escritora. Espero poder trasmitiros la pasión que siento por ella y su obra. Os animo a leer cualquier nouvelle de Irène pues son la crónica viva de una época, el retrato de la esencia humana y totalmente atemporales.

 

Presentando a Irène

Irène nació en Kiev (Ucrania) en 1903, hija de Fanny y de Léon Némirovsky, uno de los banqueros más ricos de Rusia. La familia gozaba de protección del Zar y eso les situaba en una clase social privilegiada. Así pues, la infancia de Irène transcurrió entre comodidades lujosas y la más absoluta falta de cariño por parte de una madre narcisista (más empeñada en asistir a fiestas que en ocuparse de su hija) y de un padre, al que Irène adoraba, que estaba siempre más ocupado en hacer negocios y asistir al casino. Esta ausencia de cariño materno (que quedaría reflejado en varias de sus obras literarias), la convirtió en una niña infeliz y solitaria, y además acentuó su tremenda timidez.

La calidez y las atenciones las recibió de su institutriz, Mademoisselle Rose, con quien aprendió la lengua francesa, que en aquel momento era la primera lengua en las clases altas rusas. Irène también llegó a dominar el ruso, el polaco, el finlandés, el inglés, el vasco y el yiddish.

Los Némirovsky veraneaban en Francia, concretamente Biarritz. En su vida se sucedían las recepciones oficiales, las fiestas y las estancias en hoteles lujosos. Cabe decir que a pesar de ser judíos, el matrimonio Némirovsky estaba distanciado de las prácticas religiosas. De ahí la escasa conexión de Irène con los ritos hebreos que determinaría parte de su producción literaria al retratar de manera mordaz y peyorativa los estereotipos del círculo judío que ella bien conocía.

Todo aquel mar de abundancia se evaporó en 1914. Coincidiendo con las revueltas bolcheviques, la familia se instaló en San Petersburgo. Comenzó así un período de exilios intermitentes que llevaron a la pequeña Irochka a cambiar de ciudad cada pocos meses. En medio de todo este ambiente prerevolucionario, Irène afianzó su afición por la lectura.

En octubre de 1918, los Némirovsky se instalaron en Moscú ocultándose de los bolcheviques. La nueva residencia les recibió con divanes de terciopelo, muebles tapizados, candelabros y ventanas sucias. Ante el desencanto de los padres de Irène, ella descubrió entusiasmada la biblioteca de la casa: allí leyó a Maupassant, Huysmans y El retrato de Dorian Gray. Esta novela de Oscar Wilde impactó enormemente a Irène.

“Me pasaba el día entero leyendo y releyendo aquel librito. […] Yo que, cuando nadábamos en la abundancia, apenas comía, ahora tenía hambre. ¿Había algún ideal por el cual valiera la pena perder la juventud y la vida? (p.136, Memorias soñadas)

Unos meses después, los soviets pusieron precio a la cabeza de Léon y toda la familia se vio obligada a huir a Finlandia, disfrazados de campesinos y con las joyas familiares cosidas entre las ropas.

Durante su estancia en Finlandia, los Némirovsky se alojaron en un hotel junto a otros exiliados. Irène se enamoró por primera vez y en medio de aquel exilio empezó a desatarse su impulso creativo componiendo sus primeros poemas.

“Sin duda porque no había observado suficiente a la gente y, por tanto, esto era algo que debía hacer si quería convertirme en escritora. Así pues, me obligué a escribir cada día dos o tres páginas sobre los ocupantes del hotel, sus caracteres, sus manías, su manera de vestirse… (p.152, Memorias soñadas)

Pronto iniciaron otra huida, esta vez a Estocolmo, donde residieron tres meses. De Suecia viajaron a Inglaterra por un espacio breve de tiempo y de allí, se embarcaron en una nueva travesía que les llevó a la costa francesa, tras sobrevivir a una violenta tempestad en el barco. Era 1919 y la familia se instaló en París.

Francia: una patria soñada

“Me preguntaba, si aquella paz que parecía estar al alcance de nuestra mano sería realmente sólida y duradera, si alguna vez, algún día, volverían a arrebatárnosla. Me juraba que, por cosas que pudieran ocurrir, nunca más me conformaría con el exilio” (p.163, Memorias soñadas)

En Francia, Léon logró recuperar su fortuna y la familia retomó sus veraneos de lujo, sus fiestas y estancias en Biarritz, Niza y la Costa Azul.

Irène concibió su llegada a París como la culminación de una estabilidad anhelada. En medio de aquella fuerza que suelen dar los nuevos comienzos, Irène reconoció a Francia como su patria. Enfrentándose a los deseos maternos, estudió Letras en la Soborna, donde se licenció con Mención de Honor.

“Sirvió para convencerme de forma definitiva de que Francia era el país que mejor se adaptaba a mi personalidad, el país de la mesura y de la libertad, de la generosidad, un país que me había adoptado definitivamente de la misma manera que yo lo había adoptado a él”. (p.193)

Irène, que desde su estancia en Finlandia no había dejado de escribir, se armó de valor y envió pequeños cuentos a la revista Fantasio, que los publicó y pagó sesenta francos por pieza. El editor no daba crédito a que la autora de aquellos textos fuera una joven estudiante, tímida y vestida de manera infantil.

En aquellos primeros años en París, Irène publicó varios relatos, una novela corta y El Malentendido, primera novela escrita a los 18 años. Se enamoró del País Vasco y  de sus paseos por el Bidasoa. Siguió leyendo a Proust y descubrió a Katharine Mansfield.

Irène saboreó la vida en París frecuentando bares del Barrio Latino parisiense y Montmartre. En cartas, llenas de vitalidad, dirigidas a una amiga le confesaba sus andanzas amorosas y la libertad que respiraba en la ciudad. En París conoció a Michael Epstein, también exiliado ruso y judío, apoderado de un banco en París con quien se casó en 1926 y cuya familia la acogió con el calor que la suya nunca le brindó.

“Era la tierra de la Revolución, de la libertad, de los derechos humanos” (p.252) Memorias soñadas

En 1929, Irène envió el manuscrito de su novela David Golder a la editorial de Bernard Grasset. Lo hizo sin indicar remitente pues no tenía esperanzas en que quisieran publicársela. Bernard, entusiasmado con la maestría de la obra, se vio obligado a publicar anuncios buscando al autor. Irène desconocía la búsqueda de la cual era objeto porque en esos momentos estaba dando a luz a su primera hija, Denise, y no fue hasta semanas más tarde que lo descubrió, al mirar en su buzón y encontrar los telegramas de Grasset.

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La crítica consideró David Golder una obra maestra y encumbró a Irène. A partir de entonces, Némirovsky gozó de éxito con la publicación de su novela, alabándose la calidad de su estilo y el conmovedor relato de aquel empresario judío. Tal fue el éxito que la novela fue adaptada al cine y al teatro.

A continuación se sucedieron años en los que Irène recibió el reconocimiento de la sociedad literaria francesa.

En 1930 se publica El Baile. Su enorme éxito lleva a la novela a una adaptación al cine y al teatro. Unos años más tarde, fallece Léon Nemirovsky de un ataque al corazón en Niza.

El desencanto

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Irène, Michel y sus hijas, Denise y Elisabeth. (1939, Hendaya).

La llegada de Hitler al poder en Alemania en 1933 inicia el paso para que el nazismo se extienda en Europa. Mientras, Irène, ajena a la nube fascista que se propaga desde Alemania, siguió derramando su inspiración sobre el papel en francés, lengua en la que se sentía cómoda y publicó novelas como Las nieves de otoño o El caso Courilof. Cansada de los delirios del editor Bernard Grasset, decidió cambiar de editor y firmó contrato con Albin Michel, con quien publicó El vino de la soledad y Jezabel. Nunca se cansaría de felicitarse por aquella decisión de confiar en Albin Michel.

En 1937 el nazismo ya era un hecho y una amenaza para Francia. Irène y Michel, tras el nacimiento de su segunda hija, decidieron solicitar la nacionalidad francesa, convencidos de que el país en el que vivían desde hacía casi 20 años protegería “a los judíos y apátridas”.

Sin embargo, la tramitación de la nacionalidad francesa les fue denegada y desesperados, los Epstein Némirovsky se bautizaron al catolicismo en 1939 para facilitar la obtención de la nacionalidad francesa y para proteger a sus hijas. Su madre, Fanny, advirtiendo el peligro que se cernía sobre los judíos, huyó sin decir nada a su familia a Niza tras conseguir el estatuto de refugiada letona, sorteando así las persecuciones nazis.

La Segunda Guerra Mundial estalló en octubre de 1939, y pese a las advertencias de amigos y familiares, los Némirovsky Epstein se negaron a un nuevo exilio. Seguían confiando en su patria. Su amor por Francia era tan grande como su ceguera.

Pero París cayó el 14 de junio de 1940 ante Alemania. El ejército alemán ocupó el norte de Francia incluyendo París y la costa atlántica. Vichy fue declarado el centro político y el régimen impuso políticas de inspiración fascista como por ejemplo que los judíos portasen una estrella amarilla en la solapa.

Al declararse la guerra, el matrimonio trasladó a sus hijas a casa de su institutriz en la localidad de Issy L’Evêque, en zona libre. Irène y Michel regresaron a París. El ostracismo era una dolorosa realidad. No tan solo del círculo social que hasta aquel momento habían frecuentado sino de los vecinos, que volvían la cara al cruzarse con la familia judía por la calle. El matrimonio no tardó en reunirse con sus hijas. Huir ya no era una opción exenta de riesgo para los cuatro. Tan solo cabía permanecer unidos.

Instalados en Issy L’Evêque, Irène no dejó de escribir ni un día en su viejo cuaderno de tapas de cuero con su pluma de tinta azul. Nacieron así los primeros esbozos de Suite Francesa, una composición que ella dividía en cinco partes: Tempêtes en juin, Dolce, Captivité, Batailles, La Paix y de la que tan solo acabaría las dos primeras.

Tras promulgarse la ley francesa que permitía el internamiento de los judíos en los campos de concentración, Irène fue víctima de la arianización del sector editorial. Traicionada por Bernard Grasset, fue delatada y sus libros, destruidos. Ya no pudo volver a publicar nada con su nombre. Irène vio con tristeza cómo el círculo literario que tantos aplausos y reconocimiento le habían brindado en años anteriores, le daba la espalda. Tan solo permanecía la lealtad de su editor, Albin Michel. Abatida por la decepción y la impotencia, llegó a lamentarse de haber escrito David Golder, pues temió haber fustigado a los judíos con aquel retrato del mundo judío que ella había conocido.

La última publicación con su nombre fue Los perros y los lobos. Escribiría dos novelas más bajo los seudónimos de Pierre Nérey y Charles Blancat.

“Hago aquí la promesa de no volver a descargar mi rencor, por justificado que sea, sobre una masa de hombres, sean cuales sean su raza, religión, convicciones, prejuicios o errores. Compadezco a esos pobres chicos. Pero no puedo perdonar a los individuos, a los que me rechazan, a los que nos dejan caer fríamente, a los que están dispuestos a darnos la patada.” (p.418. Suite Francesa, anotaciones de Irène 28 de junio de 1941). 

Irène, que no podía permanecer ajena a las noticias que llegaban de París sobre la persecución de judíos, comenzó a aceptar el trágico destino que le esperaba y se entregó a la escritura con más pasión que nunca.

“Por lo menos no nos encontrábamos separados, ya que ninguno de los dos lo habría soportado. Quiero profundamente a mis hijas pero, si me quitaran a Misha, me convertiría en la sombra de él, de la misma manera que si desapareciera yo, él se convertiría en la mía y ya no tendríamos reposo hasta que nuestras dos sombras se confundieran2 (p.275, Memorias soñadas)

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En 1942, desilusionada con Francia, Irène reescribió su testamento a favor de Julie Dumot, nombrada tutora de sus hijas. A la amenaza de la deportación, se unen los problemas económicos pues sus cuentas bancarias están bloqueadas; problemas de asma de Irène y enfermedades de las pequeñas.

“Todo lo que se hace en Francia en cierta clase social desde hace unos años no tiene más que un móvil: el miedo. Ha llevado a la guerra, la derrota y la paz actual. El francés de esa casta no siente odio hacia nadie; no siente celos ni ambición frustrada, ni auténtico deseo de revancha. Está muerto de miedo. ¿Quién le hará menos daño (…)? ¿Los alemanes? ¿Los ingleses? ¿Los rusos? ” (Notas de Irène, 1942)

El fin del sueño

El 13 de julio de 1942, los gendarmes arrestaron a Irène, quien se despidió de su hija diciéndole que se marchaba de viaje y que volvería pronto. Michel intentó sin éxito rescatar a Irène, incluso se ofreció a sustituirla. (Recomiendo leer las cartas que Michel envía a todos sus contactos en los anexos de la edición de Suite Francesa. Son descorazonadoras. ¡Cuánta impotencia! ) Lo mismo hicieron desde la editorial de Albin Michel y todas las amistades de los Epstein que trataron inútilmente de conseguir la liberación de Irène.

En su cautiverio, Irène escribió esta última carta:

Jueves por la mañana-julio de 1942, Pithiviers

Mi querido amor, mis adoradas pequeñas, creo que nos vamos hoy. Valor y esperanza. Estáis en mi corazón, amados míos. Que Dios nos ayude a todos. 

El 17 de julio de 1942 partió el primer convoy (conocido como el Convoy nº6 de 17 de julio de 1942) desde Francia a Auschwitz. En él viajaban mujeres y niños. Irène, muy enferma de tifus, entre ellos. Murió asesinada en la cámara de gas el 17 de agosto, en Auschwitz. Tan solo tenía 39 años.

Michel fue arrestado en octubre. Al despedirse de sus hijas, les confió una maleta con papeles de la familia, fotografías y joyas y un preciado cuaderno de Irène, en el que había escrito en letra minúscula por temor a quedarse sin tinta ni papel. Michel murió gaseado, el 6 de noviembre, nada más llegar a Auschwitz.

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Los gendarmes comenzaron una persecución de las hijas de Irène, de 5 y 13 años. La institutriz, en un gesto de heroicidad y generosidad, las escondió. Las niñas huyeron refugiándose en la región de Burdeos hasta que llegó el fin de la guerra. Entonces, pese a que había llegado la paz, empezó la etapa más difícil para las hermanas Epstein: acudir cada día a la Gare de l’Est a esperar el regreso de sus padres.

Solas y aceptando que sus padres habían muerto, las niñas visitaron a la abuela materna, que había logrado escapar de la persecución nazi y vivía instalada en un lujoso hotel parisino, para pedirle ayuda. Fanny, con gran crueldad, no les abrió la puerta y les gritó que si sus padres estaban muertos debían irse a un orfanato.

Denise y Elisabeth recuperaron poco a poco su vida gracias a su tutora, Julie Dumot y a las cantidades mensuales que se recibían por los derechos de autor de Irène que la editorial de Albin Michel no había dejado de enviar, y que sufragaron los estudios y manutención de las pequeñas.

Las obras de Irène volvieron a publicarse por última vez en 1957. Entonces, llegó un silencio editorial.

Renacimiento

Las hijas de Irène se dedicaron profesionalmente a la escritura y literatura y trabajaron en editoriales. En 1975, Denise abrió con recelo el cuaderno de su madre que había logrado mantener intacto. Descubrió asombrada que no se trataba de un diario sino de un manuscrito de una obra no publicada,  a la que su madre había titulado Suite Francesa.

Denise descifró y mecanografió la transcripción de la novela, en la que se retrataba con crudeza a la humanidad durante la guerra. Era una crónica de la invasión alemana en París. La obra se publicó en 2004, con el título de Suite Francesa. Se trataba de la primera novela de ficción que trata sobre la ocupación nazi en Francia. La novela alcanzó tal éxito literario y cultural que hasta recibió el prestigioso Premio Renaudot (otorgado por primera vez a un autor fallecido) y volvió a situar a Irène en la actualidad. Otro renacimiento. No fue el último pues siguen reeditándose sus novelas y ocupando un lugar en la sección de NOVEDADES de las librerías.

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Cuando se publicó Suite Francesa, Elisabeth ya había fallecido. La hija pequeña de Irène había publicado unos años antes El mirador: biografía soñada de Irène Némirovsky. Elisabeth tenía cinco años cuando su madre murió y apenas pudo conocerla, pero logró captar su esencia en esa biografía gracias a las anécdotas que su hermana le explicó, correspondencia entre su madre y amigos; y publicaciones en prensa relacionadas con ella.

Irène volvía a renacer gracias al amor de sus hijas.

El estilo de Némirovsky es elegante, preciso, con mucha fuerza y con un talento para captar el alma de los personajes. Cuando lees una novela de Irène, se abre una puerta directa a la historia que en ella se narra, que suele tener un contenido agridulce. Te sientes testigo privilegiada de la historia y también de la condición humana. Dejas de ver a la escritora, ya no la distingues. Ante ti solo tienes a los personajes y a sus acciones en textos totalmente atemporales. Podemos leer sus obras y seguir situándolas en la actualidad.

Permitidme la licencia de confesaros algo: Me la imagino en sus últimas horas en Auschwitz, debilitada por el tifus; con el alma rota por no saber de sus hijas y de su Misha; rodeada del pánico y el dolor de otros deportados. Ella, en el suelo, diciéndose a sí misma “Aguanta, Irochka. Aguanta por Misha y las niñas. Graba todo esto en la memoria porque cuando salgas de aquí lo escribirás. Lo escribirás y Suite Francesa será entonces tu gran obra maestra”. Escritora hasta el último hálito de vida.

Dicen que las situaciones extremas permiten conocer al ser humano. De Irène se puede conocer su espíritu libre, admirar su supervivencia y su pasión por la escritura. El suyo es un talento inmortal.

Bibliografía y documentación

Para esta entrada me he documentado con diversos artículos publicados en ediciones digitales; la biografía “soñada” escrita por su hija pequeña, Elisabeth Gille, y el prólogo y apéndices de Suite Francesa, editada por Salamandra.

  • Irène Némirovsky. El mirador: biografía soñada. Elisabeth Gille. Editorial Circe (1992) Traducción de Roser Berdagué.
  • Artículo El País: Némirovsky inagotable. Lola Galán publicado el 16.4.2011. Entrevista a Denise Epstein, primogénita de Irène.
  • Artículo El País: Irène Némirovsky, una escritora resucitada. Octavi Martí. Publicado el 5.12.2004
  • Prólogo de Myriam Anissimov en la edición Suite Francesa. Editorial Salamandra (2005)
  • Apéndices de la edición Suite Francesa. Editorial Salamandra (2005). Incluyen notas manuscritas de Irène Némirovsky y correspondencia 1936-1945
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18 comentarios sobre “Irène Némirovsky: la inmortalidad del talento

  1. Bello! Juro que me dieron ganas de llorar. Qué vida tan intensa. Da coraje que su patria querida y amigos le dieran la espalda. Sus novelas pasaron muchas veces por mis manos, especialmente la Suite, pero como no me gustan los libros ambientados en la segunda guerra, pasaba largo. Ahora quiero leer a Irene porque creo que hay mucho de ella, su pensar y su decepción quizás. Es curioso como los escritores renacen cada vez que alguien lee sus obras o los nombran. Me alegro que sus hijas no la olvidaran.
    Me encanta tu autora ❤

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  2. ¡Hola!
    Yo personalmente que los escritores viven eternamente en sus obras. Pasen los años que pasen sus novelas son leídas y sus novelas son la parte de ellos que sigue viva tras el paso del tiempo. Coincido contigo en que la vida de Irene es muy interesante, hace tiempo me documenté para un vídeo que hice para mi canal y la verdad es que es sorprendente por todo lo que tuvo que pasar. En cuanto a la figura de la madre de Irene, tengo que reconocer que no me gusta nada, tuvo unos actos muy egoístas, la verdad.
    Irene tuvo una vida muy interesante, uno de los hechos que más llamaron mi atención fue lo que se generó con el envío del manuscrito de ‘David Golder’.
    No sabía que en el anexo de ‘Suite francesa’ están las cartas del marido, me encantaría leerlas.
    Me ha encantado tu entrada, me parece muy completa y lo más importante, deja con muchas ganas de leer a Irene. En concreto este año pretendo leer ‘Suite francesa’ de la que vi hace un tiempo la adaptación cinematográfica, que me gustó mucho.
    Un beso

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    1. Gracias por pasarte, Isa. Me alegro de que te animes con Suite Francesa. Yo la estoy leyendo ahora y justamente he visto que esta noche Antena 3 emite la película. La lectura de Suite me tiene fascinada y con el corazón encogido. De la relación entre madre e hija hablaré en algún post, coincido contigo en lo egoísta y cruel de esta señora. Nos leemos!!!!

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  3. Qué maravilla de presentación! y qué bien documentada!!
    Es una autora que no he leído y ni siquiera quise ver la adaptación Suite Francesa porque tenía pendiente el libro.
    Espero contagiarme de tu admiración por ella, presiento que cuando empiece no podré parar y es que l@s escritor@s que transmiten vivencias personales a través de sus libros, me ganan, y la época en la que vivió es de las que siempre intento saber más…
    Impresionante de verdad! seguiré la pista a Irene de cerca 😀
    Feliz día!

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  4. Te felicito por tu entrada, me ha encantado. De Irène Némirovsky sólo he léido “El baile” (espero leer más de ella) y me pareció extraordinaria. Esa lectura me llevó a indagar sobre su autora y me fascinó su biografía, así que me alegré mucho cuando supe que tenía adoptante en Adopta una autora. Tu entrada completa las nociones que yo tenía sobre su vida y los pequeños fragmentos de su autoría que nos dejas dan una idea sobre su extraordinaria forma de pensar. Intentaré estar atenta a tus próximas entradas a ver qué más nos cuentas.
    Saludos

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  5. Es una entrada muy bien trabajada, tantas cosas que tengo por aprender :).

    Seguiré con atención tus entradas sobre Irene Nemirovsky. Me ha dado mucha pena la forma en que murió y de sólo pensar en cómo su esposo trató de rescatarla … su vida se ve que fue profunda, interesante, quizá tanto o más que sus obras (sin haber leído aún un libro suyo, me atrevo a afirmarlo, es lo que imagino).

    Me quedo en tu blog y gracias por tu visita al mío 🙂

    Por cierto, ya publiqué mi primera entrada sobre George Sand ;), en este caso es una reseña de un libro no tan conocido como otros de ella.

    Saludos!

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  6. Si ya Irène me parecía una mujer apasionante tras haber leído algunas de sus obras, después de tu entrada confirmo mis impresiones. ¡Enhorabuena! Me ha encantado toda la exposición que has hecho sobre su vida, se nota que le has dedicado tiempo y, sobre todo le has puesto muchísimo cariño; cariño que has sabido transmitirnos y que hace que, inevitablemente, tenga ya apuntada a Irène en mis lecturas para este año. Releerla será un placer y estoy segura de que después de todo lo que tú nos vas a contar sobre ella, la releeré de otra manera, más personal, más entregada.
    Un abrazo

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