El secreto de mi turbante – Nadia Ghulam | Agnès Rotger i Dunyó

 

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El secret del meu turbant | Nadia Ghulam i Agnès Rotger i Dunyó | 320 páginas | Grup62 La butxaca | Premi Prudenci Bertrana 2010

*Leído en catalán

 

Sinopsis

Esta es la historia de Nadia Ghulam, una chica afganesa que con tan solo ocho años sufrió graves heridas en su cuerpo y en su rostro cuando una bomba destruyó la casa de su familia. Dos años más tarde, cuando al fin sale del hospital, el régimen talibán se ha instaurado en Afganistán y es entonces cuando toma una decisión radical: se vestirá de chico y, durante diez años, se hará pasar por un hombre para poder aportar un sueldo en casa, ya que el nuevo gobierno ha prohibido que las mujeres trabajen fuera del hogar. Esta es la historia real de Nadia, una chica que luchó por su libertad.

Las autoras

La narradora. Nadia Ghulam (Kabul, 1985). Actualmente vive en Badalona, se ha formado en un ciclo formativo en integración social y es cofundadora de la asociación Ponts per la pau. Realiza conferencias de sensibilización social para promover y activar la cultura de la Paz y la educación en el mundo. Es co-autora de tres libros relacionados con Afganistán y co-dramaturga e intérprete de la obra Nadia, presentada a nivel nacional e internacional.

Ha publicado tres libros en los que su voz es la narradora: El secreto de mi turbante (Premio Prudenci Bertrana 2010) en el que narró –con la colaboración de Agnès Rotger– los avatares de su vida; Cuentos que me curaron (2014) –con la colaboración de Joan Soler– en el que explica los cuentos que su madre le contaba en el hospital donde estuvo ingresada a consecuencia de una bomba y su última publicación La primera estrella de la noche (2016) -coescrita con Javier Diéguez- en la que rinde un homenaje a las mujeres de su familia.

Twitter: @nadiaghulam

La escritora. Agnès Rotger i Dunyó nació en Badalona el 1973. Periodista de formación, colabora con varios medios como Sàpiens i Descobrir Catalunya, y ha dirigido las editoriales Pòrtic y Mina. Ha escrito tres libros prácticos para adultos y dos para niños. Nàdia. El secreto de mi turbante es su primer proyecto literario.

Twitter: @agnesrotger

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Agnès Rotger y Nadia Ghulam

 

 

Mis impresiones

Hoy es el Día Internacional de la Mujer. 

He querido compartir la publicación de esta reseña con todas las personas (hombres o mujeres) que lean este blog para homenajear a mujeres valientes que me rodean, que te rodean a ti, lector/a, y que superan sus miedos y deciden avanzar en sus caminos, sean cuales sean, pero propios.

“Mamá chilla mientras me saca con manos frenéticas los trozos de yeso y cemento que me han caído encima. Sus ojos llenos de pánico buscan algún indicio de vida en mi cuerpo de ocho años.

Acaba de caer una bomba en casa. Y ella se lanza a apagar con su cuerpo las llamas que encienden el mío, con un abrazo con el que me quiere volver a dar la vida. Ignora que ella también se está quemando, ignora que es una mujer pesada y poco ágil, ignora el humo y los escombros y me saca al cuello, y en pocos segundos, de la que podía haber sido mi tumba. […] Será la última vez que mamá me llamará Nadia en nuestra casa de Kabul. La próxima vez que tendremos una casa, yo seré el hombre de la familia.”  (p.10)

Estas son las primeras líneas que abren esta historia. Unas líneas llenas de crudeza y conmovedoras que no son sino un anticipo de lo que a continuación se va a leer. Parece un lugar común decir que la vida de las mujeres es difícil. Pero lo voy a volver a decir. La vida de las mujeres es difícil. Y para algunas más que otras. 

La voz de Nadia es un testimonio duro, emotivo y desgarrador que te pone en contacto con esa parte desagradable e inclemente de la vida que desde mi cómoda y privilegiada vida occidental y mediterránea no me pudo ni imaginar. Esa vida en la que un botón puede ser el juguete más valioso para una niña y donde mentir es la única opción para sobrevivir.

El secreto de mi turbante es  la narración de las tres vidas de Nadia Ghulam y resulta difícil salir indemne de su lectura.

La primera vida

La primera vida es la que disfruta Nadia jugando con su hermano mayor, Zelmai, en el jardín de su casa, amando a sus padres y aprendiendo a escribir ya que solo hace un año que va a la escuela. Una vida en la que no faltaba comida en la mesa ni agua para asearse pues el trabajo de su padre en el Ministerio de Salud les proporcionaba un cierto bienestar económico.

Cuando Nadia cuenta con ocho años, los conflictos políticos en Afganistán se tornan violentos y un ataque con una bomba destruye su casa y le quema el rostro y el cuerpo, además de dejarla gravemente herida, incluso permanece en coma durante 6 meses. Junto a ella siempre su madre, una mujer abnegada que ante todo ama a sus hijos, y que pese a las malas expectativas que le dan los médicos, se resiste a creer que su hija pueda morir.

Durante su estancia en el hospital, la madre de Nadia le explica cuentos para que el relato la distraiga del dolor. Estos cuentos han sido recopilados en Cuentos que me curaron en el que comparte los relatos que su madre le explicaba y que, según su testimonio, le curaron las heridas del corazón.

Hay una escena que me resultó especialmente emotiva y es cuando en el hospital, Nadia echa de menos sus muñecas -que han sido destruidas por la bomba- y llora por ellas. La madre de Nadia, le hace un juego con un hilo y dos botones para que se olvide por unos instantes del dolor. Cuando un día se pierde uno de los botones, Nadia se queda sin su “juguete”, entonces la madre sale a buscar desesperadamente un botón; pero algo tan simple como eso es un artículo muy difícil de encontrar en Kabul. Entonces, en un puesto de un mercader, la madre tiene tentaciones de robar un botón de una camisa pero en el último momento cambia de opinión porque ante todo no quiere verse a sí misma robando. Ni siquiera la pobreza rompe sus valores. Al regresar al hospital, le dice a Nadia que no le pida más muñecas porque ella nunca sería capaz de robar.

“Mamá no se giró. Aceleró el paso. Se sentía tan humillada y culpable que no quería volver a mirar a aquel hombre a la cara. Cuando llegó al hospital, estaba desencajada, con los ojos rojos de tanto llorar.

—No me pidas nada más, Nadia. Tu madre no puede robar. (p37) 

Cuando Nadia se recupera de las heridas, empieza a tomar conciencia de la situación familiar: su padre tiene secuelas psicológicas que le incapacitan para trabajar; su hermano está desaparecido; de sus hermanas pequeñas se hacen cargo unos familiares y su madre no puede trabajar ni conseguir dinero pues el régimen talibán ha prohibido que las mujeres trabajen fuera de casa. La ciudad que Nadia conocía antes de aquella bomba ya no es la misma en la que vive ahora. La música también ha dejado de existir porque está prohibida.

Al advertir la dramática situación económica de su familia, Nadia toma una decisión: tomará la identidad de un chico para poder trabajar y proporcionar un sueldo a la familia. 

Pese a las negativas iniciales de su madre, Nadia hace gala de su valentía y poniéndose un turbante marrón que le oculta el rostro adopta una nueva identidad masculina, la de Zelmai, su hermano mayor que ha muerto.

Es entonces cuando empieza la segunda vida de Nadia, convertida en Zelmai.

La segunda vida

Las peripecias de Zelmai/Nadia para conseguir trabajo de cualquier cosa, sin apenas tener tiempo para descansar o jugar, que le permita conseguir un poco de alimento o dinero para llevar a su familia la llevan a recoger casquetes de metralla, limpiador de pozos, cuidador de animales de granja y , reparador de bicicletas, limpiando establos y campos, etc

Ciertamente el hambre agudiza el ingenio y somos testigos de lo que es capaz de hacer Zelmai/Nadia para conseguir pan para llevárselo a su familia y salvarlos de la inanición. O lo frustrante que puede llegar a ser esconder un plato de comida entre las hierbas para llevarlo después del trabajo a tu familia y encontrártelo repleto de hormigas, obligándote a lanzarlo.

En esta segunda vida asistimos a la siempre interesante creación de una nueva identidad. Zelmai es arisco porque así se protege de entablar relaciones más cercanas que le puedan descubrir y delatar a los talibanes. Renuncia a su identidad femenina y adopta una totalmente masculina, incluso leemos cómo exagera su comportamiento masculino para no levantar sospechas. Esta etapa coincide con la difícil entrada en la adolescencia que si de por sí ya es conflictiva, más lo es para alguien que tiene que ocultar cómo sus pechos se desarrollan; la aparición de la menstruación, la inexistencia de barba o cómo florecen los sentimientos por chicos.

En esos días, lo único que le da algo de chispa a sus duras condiciones son las sesiones de cine Bollywood que se organizan de manera clandestina en la ciudad y a las que acude cada vez que puede, otorgándole un soplo de aire fresco en su día a día.

Es tal la capacidad de adaptación de Nadia con su nueva YO, que tras su turbante llega a dirigir la plegaria en la mezquita, al lado del viejo mulá, ganándose el respeto de todo el mundo por ser un buen musulmán, generoso y muy recto. Zelmai/Nadia ha llegado a integrar tantísimo el pensamiento talibán que a veces, cuando la rabia la domina, desea que exploten bombas y confiesa avergonzada que aceptaría con mucho gusto inmolarse con una bomba si con el dinero que recibiera su familia, pudieran salir de la pobreza. Sin embargo, bajo esa ropa de hombre joven siempre hay una joven que tiembla cada vez que se le acerca un talibán por miedo a que se descubra su secreto.

En esta segunda vida también hay espacio para el primer amor; para las amistades profundas y sinceras con otros chicos que le abren el mundo de la alfabetización y la diversión. Zelmai parece haber encontrado su lugar en el mundo pero ha construido su relación en base a una mentira y siempre saborea esos momentos de manera agridulce pues sabe que algún día tendrá que explicarles la verdad sobre su identidad y que en ese momento, lo puede perder todo. Ese debatirse contínuo entre vivir libremente como mujer o seguir sobreviviendo como hombre torturan a Nadia.

Pero si hay algo que de verdad transforma a Nadia en esta segunda vida es su oportunidad para asistir a la escuela y formarse. Nada es más importante para Nadia que estudiar y arriesga su vida para conseguirlo. Esta etapa también coincide con la caída del régimen talibán y con un pequeño cambio en las calles de Kabul: la música ha dejado de estar prohibida.

“A medida que fui creciendo , entendí que estudiar, además de un placer, era una necesidad. Como chico que era, y sobre todo como mujer libre que quería ser, me tenía que formar a cualquier precio. Y llegar a la universidad, si podía ser. Recordaba a menudo que papá siempre decía que la ignorancia de los hombres era la base de la maldad y de las guerras. Y yo añadía: también de la marginación y del engaño.” (p. 182)

Así, Zelmai/Nadia logra matricularse en una escuela, sacarse el bachillerato, encontrar trabajos colaborando con ONG’s y conociendo a personas, ángeles, en su vida a quienes poco a poco les explica su historia y que no dudan en brindarle apoyo y generosidad.

Con todas esas personas que va conociendo Nadia, renace la esperanza de poder volver a recuperar su vida como mujer. Aunque también me ha llamado la atención leer que bajo la apariencia de manos que ayudan, Nadia se encontró a personas que siempre pedían algo a cambio (periodistas que solo querían de ella una foto y luego se olvidaban de colaborar o ayudar), lo cual siempre ataba a Zelmai/Nadia a sentirse en deuda con ellos y no 100% libre.

Entonces, llega la tercera.

La tercera vida

A los 19 años, Nadia conoce a Mónica Bernabé, una periodista española afincada en Afganistán que gestionaba ASHDA, una ONG que consigue que Nadia pueda viajar a Barcelona y operarse.

Al subirse al taxi que la lleva al aeropuerto, Nadia deja atrás su vida como Zelmai y todo lo que ha vivido siendo él: sus amigos, sus maestros, sus experiencias y también sus temores. La separación más dolorosa es la de su familia y en especial, de su madre.

Operación tras operación consiguen reconstruirle el rostro, y ASHDA se ocupa de buscarle una familia que la adopta con 21 años. Fue así como conoció a sus padres catalanes, Maria y Josep.

En Barcelona renacerá Nadia y empezará su tercera vida en la que tiene que volver a descubrirse a sí misma como mujer, libre y formada.

Esta historia es un testimonio de ingenio, coraje y sobre todo, determinación. Incluso en el camino de adversidades que atraviesa Nadia hay espacio para el amor, la amistad, la generosidad en pequeños detalles y la bondad de las personas.

La narración es dura, muy dura, pero contada con mucho tacto y sin regodearse en lo trágico. Cuando acabas el libro, el relato de Nadia te ha contagiado su fuerza y optimismo. Y cómo no, te recuerda tu situación privilegiada alejada de una vida de miseria, discriminación y violencia que pueden padecer otras mujeres.

Os recomiendo absolutamente esta enriquecedora lectura por la gran historia que explica y por la fortaleza de esta niña a la que seguimos en su duro camino para sobrevivir como mujer en Afganistán y que ha transformado el dolor y la rabia en un activismo constructivo que fomenta la educación en Afganistán.

Mañana, 9 de marzo, la Biblioteca de Binissalem contará con la visita de Nadia Ghulam en la que compartirá con los asistentes sus vivencias.

ASOCIACIÓN PONTS PER LA PAU 

Extracto de la entrevista a Nadia en LA VANGUARDIA.

Fue la primera idea que me vino a la cabeza: si no podemos trabajar, ¿qué hacemos? Yo he cogido muchas cosas de mi madre, y mi madre es una mujer muy valiente, nunca le ha gustado tener que pedir nada. Nunca. Siempre decía: ‘Si una persona quiere, puede hacer algo, ¿por qué nosotros no?’ Y cuando decidí vestirme como un hombre lo que pensé fue eso: si un hombre puede trabajar, ¿por qué yo no? ¿Por qué me voy a quedar como una víctima en casa o pedir caridad, si puedo trabajar?

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3 comentarios sobre “El secreto de mi turbante – Nadia Ghulam | Agnès Rotger i Dunyó

  1. ¡Vaya historia, Pilar! Esto sí que es superación y leyéndola, como cuando leo biografías de este tipo, me dan ganas de darme una colleja y preguntarme: ¿pero de qué te quejas? Nunca deja de sorprenderme la capacidad de supervivencia y lucha que tienen algunas personas. La historia de Nadia es absolutamente inspiradora y necesaria. Muchísimas gracias por compartirla. No podía haber elegido un mejor homenaje a las mujeres en un día como hoy.
    Un abrazo

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    1. Pues sí, Raquel. Yo también tengo esta pregunta en mente “¿de qué te quejas?”. Solo por la facilidad que tenemos para acceder a la escuela, para poder elegir cómo vestimos y en qué queremos trabajar o creer, somos afortunadas. Tengo muchas ganas de escuchar el testimonio de Nadia de primera mano. A ver si mañana puedo actualizar el post. ¡Gracias por pasarte y arriba esas mujeres!

      Le gusta a 1 persona

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