Primeras líneas de…El ardor de la sangre

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Bebíamos ponche suave, como en mi juventud, sentados ante el fuego, mis primos Érard, sus hijos y yo. Era un atardecer de otoño, muy rojo sobre las tierras de labor empapadas por la lluvia. Las llamas del crepúsculo presagiaban fuerte viento para el día siguiente; los cuervos graznaban. En este frío caserón, el aire se cuela por todas partes, con el olor acre y afrutado propio de la estación. 

El ardor de la sangre, Irène Némirovsky

Editorial Salamandra. | Traducción del francés: José Antonio Soriano Marco

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