Primeras líneas de…La flecha del tiempo

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I. LO QUE VA  DE UN LADO A OTRO, NO SIGUE UN RUMBO FIJO.

Desperté del más negro sueño y me encontré rodeado de médicos… Médicos norteamericanos: percibí su vigor, tan incontrolable como su profuso vello corporal, y también el ominoso tacto de sus ominosas manos, manos de médico, fuertes, limpias y aromáticas. Aunque mi parálisis era ya casi total, advertí que podía mover los ojos. No es que se movieran mucho, pero se movían. Los médicos parecían aprovecharse de mi inmovilidad. Tuve la impresión de que hablaban de mi caso, pero también de otros asuntos relacionados con su copioso tiempo libre: de sus aficiones y de cosas por el estilo. Y entonces me vino a la mente un pensamiento que me sorprendió por su sencillez y su sinceridad, rotundo, claro: ¡cómo aborrezco a los médicos! 

La flecha del tiempo o La naturaleza de la ofensa, Martin Amis

Anagrama | Traducción de Miguel Martínez-Lage.

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