Primeras líneas de …Al faro

 

Pues claro, siempre que mañana haga bueno —dijo la señora Ramsay—. Pero tendréis que levantaros al despuntar el día —añadió.

A su hijo esas palabras le causaron una extraordinaria alegría, como si hubiese quedado decidido que la excursión se llevaría a cabo, y que la maravilla que tanto tiempo llevaba esperando —años y años, le parecía a él—  estuviera al alcance de la mano, tras la oscuridad de solo una noche y un día de navegación a vela. Puesto que, a sus seis años, pertenecía ya a la gran familia de quienes son incapaces de separar sus sentimientos, y permiten que las penas y alegrías del futuro proyecten su sombra en el presente, y dado que para esas personas, incluso en la más tierna infancia, cualquier giro en la rueda de las sensaciones tiene el poder de cristalizar y transfigurar el momento sobre el que descansa su oscuridad o su brillo, James Ramsay, sentado en el suelo mientras recortaba las ilustraciones del catálogo de los almacenes del Ejército y la Marina, dotó de una halo de felicidad celestial al dibujo de una nevera, mientras hablaba su madre. 

 

Al faro, Virginia Woolf

Alianza Editorial | Traducción de Miguel Temprano García

 

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Faro de Cala Ratjada (Mallorca)
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