Casa de verano con piscina – Herman Koch

“A veces repasas tu vida para ver en qué punto habría podido tomar otro derrotero. “¡Ahí! Mira, ahí…”, te dices. En ese punto es cuando digo que estaremos de vacaciones por allí cerca y que tal vez podríamos desviarnos un poco (“Sí, vale. ¿Por qué no? Podría estar bien”) para ir a verlos. Fue al despedirnos, al final de la tarde, cuando ya hacía rato que había oscurecido, y Ralph y Judith acababan de mencionar por primera vez la casa de vacaciones. (p. 71)

 

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Casa de verano con piscina (Zomerhuis met zwembad) | Herman Koch | Ed. Salamandra | Trad Maria Rosich | 2011 |348 pág.

 

Bajo el inofensivo título que parece el anuncio en una web de alquiler turístico, Herman Koch se sumerge en las miserias de la clase burguesa europea y muy especialmente en las relaciones padres-hijos en el seno de ésta, como ya hizo en La cena. Ya se sabe que las clases acomodadas tienen problemas del primer mundo y esa es la habilidad de Koch, que toma como escenario esas familias y te sirve en bandeja una historia tan interesante como poderosa.

Sinopsis

Próspero médico de cabecera en Ámsterdam, Marc Schlosser ejerce su profesión con cierta dosis de cinismo. Su nutrida clientela valora especialmente el tiempo que dedica a las consultas, pero esta aparente generosidad esconde unas intenciones menos nobles, que Marc disimula con habilidad. Cuando uno de sus pacientes, el famoso actor Ralph Meier, lo invita a pasar unos días de verano junto a su familia, Marc acepta pese a las reticencias de Caroline, su esposa, molesta por la arrogante vulgaridad de Ralph y su actitud de seductor irresistible. Así, los Schlosser y los Meier, con sus respectivos hijos adolescentes, compartirán con un maduro director de Hollywood y su novia, cuarenta años más joven, una casa con piscina a pocos kilómetros de una playa mediterránea. Los días transcurren con apacible monotonía, entre comidas, paseos, largas conversaciones de sobremesa, excesos con el alcohol y flirteos más o menos inocentes, hasta que una noche se produce un grave incidente que interrumpirá las vacaciones y cambiará para siempre la relación entre las dos familias.

El autor – Herman Koch

Herman Koch

Herman Koch (Arnhem, 1953) debutó en 1985 con la colección de relatos De Voorbijganger. El salto a la fama internacional le llegó con La cena (Salamandra, 2010) por la que fue galardonado con el Premio del Público. También ha publicado Casa de verano con piscina (Salamandra, 2012) y Estimado Sr M (2014). Koch se ha convertido en uno de los narradores europeos más provocadores y estimulantes del panorama contemporáneo. Como  anécdota, Koch conoce muy bien nuestro país pues está casado con una española y suele frecuentar Barcelona, donde vive su familia política.

“Me gusta mantenerme al margen (aclara), yo sólo muestro y describo, para que sea el lector el que juzgue y opine después. Al fin y al cabo, la literatura no está únicamente al servicio del placer y los sentidos sino que debe tener también una intención de denuncia o de crítica”. Herman Koch, mayo 2012. Entrevista en El cultural. 

 

Mis impresiones

Descubrí al señor Koch con La cena, una novela que no me cansaré de recomendar. Me gusta lo que cuenta y cómo lo cuenta. Cuando empiezas a leer una novela de Herman Koch, tienes garantizada una lectura distraída a la par que incómoda. Personalmente, disfruto mucho de lecturas como esta en las que el autor me ha obligado a mirar hacia un lugar que es inconveniente, que remueve, que duele, y que hace que te cuestiones cual sería tu respuesta en esa situación. Visto de un modo muy básico: es una vía de autoconocimiento, pues su lectura te enseña algo más de ti.

Qué nos cuenta

Repitiendo la fórmula narrativa usada en La cena, es el propio protagonista quien nos cuenta la historia. El punto de partida de la novela es el momento en el que Marc Schlosser, médico de cabecera, está a punto de enfrentarse al Tribunal Disciplinario del Colegio de Médicos por una posible negligencia que supuso la muerte de su amigo, el veterano actor Ralph Meier. Y a partir de ahí, viajamos hacia atrás en el tiempo —concretamente, un año y medio antes— hasta el primer encuentro entre Marc y Ralph y a las vacaciones que los dos, junto a sus respectivas familias y una pareja de amigos del actor, compartieron en la casa de verano de los Meier.

Marc goza de cierto éxito profesional. Está casado y es padre de dos hijas, Julia, de trece años y Lisa, de diez. Podríamos decir que su único problema es esquivar invitaciones a aburridos eventos sociales. Su prosperidad laboral se basa en  los “veinte minutos de atención” que ofrece a sus pacientes. Pero en realidad, Marc les dedica un minuto de atención real y los restantes 19 lo que hace es pensar en otras cosas.

“Pongo cara de interés. Mientras hablan, garabateo algo en un papel. Les pido que se levanten, que me acompañen hasta la camilla. Alguna vez pido a alguno que se desnude detrás del biombo, pero generalmente no. Bastante me disgustan ya todos esos cuerpos con la ropa puesta. No necesito ver las zonas en que no da el sol. […] No, no quiero ver nada de eso. Finjo que miro mientras pienso en otra cosa. (p.11)

A continuación, Marc nos narra cómo el veterano y consagrado actor, Ralph Meier, entra en su consulta y en su vida. Embriagados por la vida bohemia de los artistas, los Schlosser terminan pasando las vacaciones de verano en una casa con pisicna junto a los Meier y sus dos hijos adolescentes, y en la que también se alojan otra pareja, un director de cine maduro y su novia, cuarenta años más joven. Y así transcurren las vacaciones, entre marisco, miradas furtivas y juegos en la piscina.

Una noche, durante una fiesta en la playa, alguien agrede sexualmente a Julia, y este suceso determina el punto y final a las vacaciones para los Schlosser. A partir de entonces vemos cómo  Marc y su esposa gestionan lo ocurrido. La sombra de la sospecha sobre quién pudo ser el agresor absorberá el pensamiento de Marc durante el año posterior al suceso; mientras, se resistirá a aceptar que sus hijas se hacen mayores y que la mirada intacta e inocente que siempre las ha caracterizado se ha ido diluyendo sin que él se haya dado cuenta.

Cómo lo cuenta

En Casa de verano con piscina son varios los temas que se abordan: la difícil comunicación entre padres e hijos; la ética profesional; la falsedad de las relaciones sociales; el machismo; la culpa; la pedofilia y la venganza. El sexo (o el instinto sexual) se aborda de manera muy directa, bajo la voz de personajes liberales y que hablan con una desinhibición absoluta. Otro aspecto importante es la crítica al sistema sanitario holandés y a la actitud arrogante de los artistas frente a profesionales de otras áreas. Parece mentira que se pueda abarcar todo eso en apenas 350 páginas, pero Koch lo hace, y de manera impecable, a través de una narración ágil y concisa.  Hay suspense y aunque intuyas por dónde va a ir, sin duda alguna, consigue sorprenderte. Pero también tiene puntos débiles, como es el cierre de la historia. A mi juicio algo precipitada, pero aun así me parece un final a la altura del resto de la novela.

En cuanto a los personajes, apenas hay descripciones físicas, pues prefiere que éstos se definan a través de sus palabras y de sus silencios. Los personajes masculinos son los protagonistas absolutos de esta novela y desprenden machismo y egolatría, es decir, están diseñados para no resultar agradables (sí, esto es así). Como ejemplo, os hablaré de los dos personajazos: Marc y Ralph.

Marc, nuestro anfitrión en la lectura, es vanidoso, cínico, manipulador, hipócrita y con una moralidad volátil. No siente respeto ni interés por sus pacientes. Se gusta y le gusta gustar. No resulta fácil que te caiga bien, aunque en ocasiones resulta divertido leer lo que en realidad  piensa y lo que al final acaba diciendo,

“Todos los padres prefieren un hijo a una hija. Y todas las madres también, por cierto. […] No quiero que nadie me malinterprete. Quiero a mis hijas. Más que a nada ni nadie en este mundo. Sólo intento ser sincero. Yo quería un hijo. Lo deseaba tan profundamente que casi me dolía. Un hijo. Un chico. Mientras cortaba el cordón umbilical, pensé en el instinto. Julia. Desde que nació se convirtió en lo más importante de mi vida. Mi niña. Fue amor a primera vista, el tipo de amor que hace que se te humedezcan los ojos. Pero el instinto era más fuerte. “La próxima vez lo harás mejor”. (p. 67)

Por otro lado, tenemos a Ralph Meier, el actor consagrado. Está casado con Judith y es padre de dos hijos de edades similares a las hijas de Marc. Ralph es orondo, mujeriego, de carácter violento, dominante y un narcisista de cuidado.

Es una novela que puede que te escandalice, aunque también puede que haya quien se reconozca. Cuando los personajes masculinos hablan, no lees nada que muchas mujeres no hayamos leído o escuchado antes. Sé que no todos los hombres piensan así. Como también sé que hay hombres que piensan y hablan de manera despectiva sobre las mujeres. Y ellos también tienen hijas, madres o hermanas. Esa es la trampa hipócrita en la que viven.

Hay un personaje secundario especial: el profesor Herzl, catedrático de Biología Médica durante los años de estudiante del protagonista. El recuerdo de sus clases, especialmente de su discurso acerca del instinto sexual y del cerebro de los criminales, regresa al presente de Marc y determina su decisión final.

“Imaginaos una cazuela de mejillones —había dicho Herzl—. Tenéis unos deliciosos mejillones sobre la mesa, ante vosotros. Mejillones saludables. Deliciosos. Pero en principio todo el mundo sabe que no hay que comer los que no se hayan abierto, porque nos harían enfermar. […] Son mejillones enfermos. ¿Acaso vamos a abrirlos por la fuerza y a comérnoslos de todos modos? ¿Vamos a obligar al mejillón a hablar durante dos años con el psicólogo de la cárcel para después comérnoslo cuando el psicólogo nos diga que ya es comestible? ¿O lo tiramos inmediatamente a la basura?” (p.326)

 

Conclusiones

En definitiva, una lectura más que recomendable: la historia es absorbente, los personajes están muy bien diseñados y plantea temas tan atractivos como incómodos. Esta novela no te abandona una vez cierras el libro. No deja indiferente.

“Un hombre tiene dos hijas. Desde pequeñas se le sientan en el regazo. Lo abrazan y le dan un beso de buenas noches. El domingo por la mañana se meten en su cama, se acurrucan contra él bajo las sábanas. Son sus niñas. Tus niñas. Estás ahí para protegerlas. Ves que más adelante serán mujeres. Que ya son mujeres. Pero nunca las miras como un hombre mira a una mujer. Jamás.” (p.155)

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2 comentarios sobre “Casa de verano con piscina – Herman Koch

  1. En vista de que tus recomendaciones siempre se convierten en #joyitas que incorporo a mi vida con placer, tomo nota de La cena y de esta “Casa de verano” (ya conoces mi fascinación por las historias familiares, y por los libros-llave que abren puertas al autoconocimiento). ¿Por cual de los dos me aconsejas empezar? Maravillosa reseña, Pilar. Me encanta cómo estructuras tus comentarios, con esa lógica llena de emociones que invaden durante su lectura.
    Un abrazo gordo

    Me gusta

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