El castillo de cristal – Jeanette Walls

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El castillo de cristal – The Glass Castle (2005)| Jeannette Walls | Trad. Pablo Usabiaga| Editorial: Suma | 430 págs.

*Primera lectura de la nueva temporada del Club de lectura de Binissalem 

—¿Lo ves? —dijo—. Ahí lo tienes. Eso es exactamente lo que estaba diciendo. Sientes pudor con demasiada facilidad. Tu padre y yo somos lo que somos. Acéptalo.

—¿Y qué se supone que debo decirle a la gente sobre mis padres?

—Limítate a decirles la verdad —contestó—. Es lo más sencillo. 

Sinopsis

La familia Walls es una familia errante. Viven aquí y allá y sobreviven como pueden. Los niños aprenden a cuidar de sí mismos, se protegen unos a otros, y finalmente consiguen salir del círculo infernal en que se convierte la familia para marcharse a Nueva York. En el camino quedan noches donde duermen al aire libre en el desierto, pueblos donde acuden por una semana a la escuela, vecinos que los ayudan y abusos de todo tipo.

Autora – Jeannette Walls

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(Phoenix, Arizona, 1960)

Escritora y periodista americana, Jeannette Walls se hizo famosa gracias a su trabajo como reportera del corazón en MSNBC.com y como autora de la novela El castillo de cristal, en la que narra las andanzas de su extraña familia. El éxito de su libro fue tal que se mantuvo en el Top-100 del New York Times durante 100 semanas, recibiendo premios como el Readers o el Premio de la American Library Association.

Walls ha trabajado para medios como el New York Times, Esquire USA Today, además de en programas televisivos como Primetime The colbert Report.

En 2009 publicó, Caballos salvajes, basado en la vida de su abuela y en 2014, La estrella de plata. 

Mis impresiones

Cada familia tiene su propia historia.

En este caso, Jeannette Walls tenía todos los ingredientes para ofrecernos el relato de una infancia dura y triste pero ha elegido mostrarnos la realidad que vivió desde el mejor enfoque: la sinceridad. A pesar de que fue una infancia difícil, hubo felicidad. A pesar de que fue una infancia alegre, hubo miseria.

Lo particular de esta familia es que la pobreza en la que viven Jeanette y sus hermanos no es sobrevenida por circunstancias socio-económicas, sino que es por decisión propia de los padres, Rex y Rose Mary Walls que educan a sus hijos “a su manera” y renuncian a una vida convencional convirtiéndose en nómadas “sin techo”.  Así pues, a lo largo de poco más de cuatrocientas páginas es inevitable que cualquier lector piense “¿Pero ustedes no son capaces de tomar una decisión que mejore la vida de sus hijos?”. Y es que El Castillo de Cristal provoca sentimientos contradictorios: desde el estupor a la ternura, pasando por la impotencia y el inevitable juicio moral hacia unos padres irresponsables y asociales que no se hacen cargo de sus cuatro hijos como todos creemos que deberían hacer.

Estructurada en 5 capítulos, El Castillo de cristal nos narra los recuerdos de la infancia de la autora. Es un libro autobiográfico; aunque a veces cueste creer que lo que leemos no es ficción. La narración es ágil y su fuerza radica en la honestidad de lo que relata, en la naturalidad con que explica cómo (sobre)vivían. No puedes evitar sufrir ni tampoco conmoverte al ver que tras esa manera de criar irresponsable e insana, hay unos padres que no saben querer a sus hijos de otra manera.

Un ejemplo: los Walls no celebran la Navidad y al contrario que otros niños, sus hijos no reciben juguetes. Pero una noche de Navidad, el padre va llamando uno a uno a sus hijos y les regala una estrella del firmamento. Jeanette elige a la luz más brillante en ese cielo nocturno: el planeta Venus.

“—Escoge tu estrella favorita —dijo papá esa noche. Me explicó que podía conservarla para siempre, que era mi regalo de Navidad. […] Dentro de muchos años, cuando los cachivaches que les han regalado (a los otros niños) estén rotos y olvidados desde hace mucho tiempo —aseguró papá—, vosotros tendréis vuestras estrellas” (p. 72)

Los Walls

Rex Walls, el padre, tiene un carácter entusiasta que contagia a sus hijos la pasión por la vida. Es un hombre que no tiene estudios superiores pero domina materias como la geología, la física, la astronomía, la ingeniería. Ningún trabajo le dura más de unos meses por su carácter voluble y eso agrava la economía familiar. Los acreedores le persiguen en cada ciudad en la que viven, provocando una huida tras otra de la familia.  Rex oculta esta realidad a sus hijos y les explica que necesitan ir de una ciudad a otra buscando oro para construir el Castillo de Cristal donde vivirán todos juntos. Además, padece un grave problema de alcoholismo que logra disimular mientras los niños son pequeños; pero que a medida que estos crecen, toman conciencia de que cuando Rex bebe, se torna imprevisible y agresivo.

“Cuando papá no nos hablaba en sus relatos de las cosas asombrosas que ya había hecho, lo hacía de las cosas maravillosas que haría en el futuro. Como la construcción del Castillo de Cristal. Todas sus habilidades de ingeniería y matemáticas se materializarían en un proyecto especial: una enorme casa que construiría para nosotros en el desierto. Tendría el techo y las paredes de cristales gruesos e incluso una escalera también de cristal. (p.47)

 

Rose Mary, la madre, es una mujer con alma de artista, que huye de las responsabilidades y sufre altibajos emocionales. Se define a sí misma como “adicta a las emociones fuertes”. Tiene estudios de magisterio pero a ella no le va lo de seguir horarios y la docencia reglada. Ni se molesta en cocinar ni parece que le preocupe que sus hijos coman o no. La relación con Rex es tóxica: cuando discuten, lo hacen de manera violenta y con agresiones. Los niños son testigos de esas graves peleas y de las inmediatas reconciliaciones. Rose Mary es capaz de gastar todo el sueldo en material de pintura para desarrollar su vena creativa y negarse a comprar unas gafas para solucionar la miopía de su hija mayor o restarle importancia a los intentos de violación que sufre una de sus hijas y seguir durmiendo en el sofá.

“La autoestima de mamá necesitaba un poco de apuntalamiento. A veces, las cosas simplemente le sobrepasaban. Se refugiaba en su sofá cama y se quedaba allí durante días, llorando y, a veces, echándonos cosas en cara. A esas alturas podría ser una artista famosa, chillaba, si no hubiera tenido hijos, y ninguno de nosotros le daba valor a su sacrificio. Al día siguiente, si se le había pasado el malhumor, se ponía a pintar y a tararear como si nada hubiera sucedido.” (p.283)

“Nosotros éramos más o menos como esos cactus. Comíamos sin regularidad alguna, y cuando lo hacíamos, nos dábamos el gran atracón.” (p.43)

Los niños, Jeannette, Lori, Brian y Maureen, a pesar de que van vestidos con ropa sucia, que buscan comida entre los contenedores de basura, que no asisten al colegio de manera regular y que duermen al aire libre, no se autocompadecen en ningún momento. Asimilan su vida errante, caótica y aceptan que deben cuidar unos de otros pues sus progenitores no lo harán. Ellos garantizan el orden en esa familia.

A medida que cumplen años, el mismo modo de vida que parecía ser un goteo de aventuras cuando eran más pequeños, empieza a dificultarles las relaciones sociales con los demás y su integración en la comunidad. Poco a poco, comprenderán que su vida no es como la de los otros niños y que su supervivencia pasa por la dolorosa decisión de romper el vínculo con Rex y Rose Mary.

La narración transcurre a través de la mirada de Jeanette, desde que es una niña hasta su madurez. Jeanette adora a su padre. Una adoración que es recíproca pues Jeanette es la niña de los ojos de Rex. Y aunque éste no tardará en perder su disfraz de héroe a ojos de su hija, siempre se querrán.

“Papá siguió diciéndome que me quería, que jamás habría permitido que me ahogara, pero que no podía pasar toda la vida aferrada al borde, que una lección que todo padre tiene que enseñarle a sus hijos es “Si no quieres hundirte, mejor que te las arregles para aprender a nadar”. (p. 108)

El castillo de Cristal es una novela emotiva y a la vez cargada de fuerza, escrita de manera sencilla y contundente. Walls no se anda por las ramas. Lo que fue, fue. Se hace inevitable que cada lector examine su propia infancia mientras va leyendo la de Jeanette y sus hermanos. Creo que pese a su duro contenido, es una carta de amor a sus padres en la forma de aceptación incondicional.

La escritura de esta novela fue una terapia para la autora, quien solo a través de la distancia física y temporal, pudo escribirlo. Enfrentarse a su pasado, la ayudó a liberarse de las cadenas de éste. Al fin y al cabo, quienes somos hoy es resultado de quienes nos enseñaron a ser.

Algunas personas que han leído mi historia creo que tenía una infancia terrible y que yo estaba descuidada o abusada, mientras que otros sienten que mis padres, aunque ciertamente son imperfectos, también tenían cualidades verdaderamente maravillosas. Y esa es la manera que debe ser, porque en la vida real dos personas pueden mirar el mismo presidente y uno verá un héroe y el otro un villano. (Jeanette Walls)

Si os animáis a leer esta entrevista en inglés a Jeanette y a su madre publicada en el New York Times, conoceréis aún más a esta escritora. (Podéis hacer clic aquí). En ella, Jeannette explica que ha desarrollado un carácter muy independiente y que cuando era más joven, solía ocultar sus orígenes pues sentía vergüenza. A día de hoy, considera que, a su manera, sus padres le ofrecieron las herramientas para que ella pudiera construir su propio Castillo de Cristal, en referencia a la casa donde vive y los éxitos que ha logrado.

Esta novela tiene su adaptación cinematográfica interpretada por Woody Harrelson y Naomi Watts. El castillo de cristal (2017)

Si has leído la novela o esta entrada te ha sido de valor (bien porque estés haciendo un trabajo escolar y necesitas documentarte o porque te ha parecido interesante conocer algo más de la autora), déjame un comentario compartiendo tus impresiones. Me encantará leerte. 

6 Comentarios

  1. Es un mensaje de mierda, donde normalizan el maltrato infantil y romantizan a la familia por mas tóxica y manipuladora que sea. Desde luego el machismo extremo no podía faltar, me dan lástima

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    1. Hola Put, estoy de acuerdo, en parte, con tu comentario. De hecho, este libro fue objeto de debate en el Club de lectura y todos los lectores estuvimos de acuerdo en que el texto no es “de color de rosa” sino más bien duro e incómodo de leer.
      Al tratarse de una novela biográfica creo que en el relato de Jeanette hay un intento de reconciliarse con las figuras paternas, sin que ello implique dulcificar lo que ocurrió. De hecho, explica sucesos con pelos y señales y los narra desde su punto de vista como niña/adolescente que trata de comprender por qué quienes se supone que deben darle seguridad y amor, les causan tanto sufrimiento.
      En muchas de sus entrevistas ella explica el sufrimiento psicológico con el que convivió durante años debido a la manera de amar y criar de los padres y que solo con terapia logró dar el paso hacia la aceptación (no necesariamente perdón). Tal vez a los lectores nos cueste comprender cómo Jeanette puede mantener los lazos con sus padres, pero es su vida, su biografía, su familia, al fin y al cabo, y a su manera ha logrado superar todo lo que le sucedió.

      Gracias por pasarte por el blob y comentar 😉

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  2. Mi mamá vivió algo similar, sus padres nunca los maltrataron, pero los abandonaron al extremo y no porque nos los quisieran es que no sabían hacer nada más, además los dos eran alcoholicos y mi mamá teniendo 5 años decidió que no quería vivir así, claro fue una infancia muy dura, porque un niño sin protección la.pasa mal. Pero sin ustedes hablan con mi mamá ella cuenta las cosas desde una manera positiva, es la forma de ser resilientes y poder salir adelante, pues si te quedas en la miseria no podrías salir de allí

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    1. Gracias por tu mensaje, Jennifer y por compartir la historia de tu madre, sin duda una mujer muy valiente por tomar decisiones que seguramente no fueron nada fáciles y además, tan joven. Admiro el camino lleno de coraje y actitud positiva de tu madre y que seguramente ha sido un valioso ejemplo para ti. De nuevo, gracias por comentar.

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