Fausto – Ana María Matute

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Fausto, cuento recopilado en La Puerta de la Luna | Ana Mª Matute |Austral | 2010

Autora – Ana María Matute

Barcelona (1925-2014)

Ana MATUTE
«La literatura ha sido el faro salvador de muchas de mis tormentas.»

Ana María Matute fue una de las autoras españolas más importantes de la literatura contemporánea, galardonada con los premios más importantes del panorama literario como el Cervantes, el Nacional de las Letras, el Planeta o el Nadal. Sus obras han sido traducidas a 23 idiomas.

Académica de la RAEMatute destacó en la narrativa de la posguerra española y la literatura infantil y juvenil, campo en el que desarrolló alguna de sus mejores obras, como El polizón de UlisesOlvidado Rey Gudú Aranmanoth, siendo reconocida con el Premio Lazarillo  o el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

Cuentos de niños para adultos

La puerta de la luna recoge todos los cuentos y escritos cortos de Ana María Matute, tanto los recopilados en antologías como los que andaban dispersos publicados entre 1947 y 1998.

Popularmente se asocia el cuento a una narración breve destinada a público infantil, con héroes, magia y final feliz. Enfrentarse a la lectura de los cuentos de Ana María Matute supone desmontar todo lo «popularmente» asociado a la palabra cuento. Esta recopilación incluye cuentos en los que los personajes principales son niños o adolescentes, pero no hay magia, ni héroes, ni mucho menos finales felices. Los protagonistas viven en la pobreza y sus progenitores están ausentes. Respecto a la ausencia de la figura materna en sus cuentos, me parece interesante destacar esta reflexión de la autora:

«No hay madres. La profunda raíz yo creo que está en que a mí siempre me ha preocupado mucho la soledad, el desamparo de la soledad. Y el sentirse desplazado, y que entre toda la gente que hay a tu alrededor no haya nadie que te acoja. Yo he visto a muchos niños y personas mayores que se sienten así. Y como la madre es el símbolo de todo lo contrario, pues quizá yo les he quitado la madre. No sé…el proceso creativo es muy especial, sin darte cuenta estás en manos de cosas que son muy tuyas. » Ana María Matute, contenido en el prólogo de María Paz Ortuño Ortín en La puerta de la luna.

Los cuentos de Ana María son atemporales. No están localizados en ninguna ciudad en concreto. Podría ser cualquier país, cualquier pueblo, cualquier calle. Incluso tu calle. Los temas que suelen abundar en su creación son: infancia y adolescencia; cainismo; injusticia social; incomunicación e incomprensión.

Podéis leer más acerca de Ana María Matute en la ficha de Adopta una Autora, aquí.

Como ejemplo de estos cuentos voy a reseñar Fausto.

Fausto

«Todos los de la calle tenían lástima de ellos. Pero cada uno tenía sus preocupaciones, y hasta sus enfermos.» (p. 161)

El personaje principal del cuento es una niña pobre de nueve años, de quien tan solo conocemos que lleva un lazo rojo en su despeinado pelo; que su única distracción es coleccionar trozos de cristales rotos que brillan y parecen estrellas y que vive en una barraca junto a su viejo y enfermo abuelo el cual se gana la vida tocando el organillo en la calle.

Una mañana, mientras la niña está buscando trozos de cristales, un gato herido, «feo y poca cosa» aparece, y la niña decide recogerlo y llamarlo Fausto. El abuelo lo rechaza inmediatamente pues dice que el animal está enfermo y que no sirve para nada.

—¡Échalo, échalo! —iba diciendo—. No has de volver a casa con él, así que tú verás…

—Pues no —murmuraba la niña entre dientes, con dolor—. Es tan bueno como tú o como yo. 

Sin embargo, la niña sigue cuidando y desarrollando afecto hacia el animal. Más tarde, cuando la niña va con su abuelo por las calles tocando el organillo, el abuelo la obliga a abandonar al gato, pero éste los sigue. Al verlo otra vez, el abuelo  le propina una fuerte patada y lo dan por muerto. Inmediatamente, los dos entran en una taberna y allí se encuentran con un hombre que anteriormente ha tenido un altercado con el abuelo en la calle. El hombre, alto y robusto, explica que él estaba tocando el acordeón en esa calle y que el abuelo tiene que irse a tocar el organillo a otra zona.

«Seguramente no sabría qué hacer, abandonado, solo, sin fuerzas para vivir. Volvió a tener ganas de llorar.»

Durante la charla entre los dos hombres, la niña sale de la taberna y encuentra a Fausto en la calle. Decidida a darle una utilidad, lo lleva a una casa para usarlo para robar comida, pero otro gato se lo impide. Entonces la niña lo lleva a la capilla, entregándoselo al capellán para que el gato ahuyente ratones a cambio de comida. Ante la imposibilidad de que Fausto cumpla con su objetivo, la niña, sentada en el bordillo de la acera con el gato a sus pies, decide matarlo, por la única razón de que no tiene utilidad: Ni era bonito, ni ahuyentaba ratones, ni cazaba comida.

Al conocer el fin de Fausto, el abuelo, que detestaba al gato, rompe a llorar amargamente.

«Y, tal vez —ya estaba ella casi segura de eso—, al mirarlas de cerca, las estrellas también deben de resultar muy diferentes.» (p. 172)

Mis impresiones

Este cuento fue publicado en 1957 y nos narra la pérdida de inocencia de una niña.

El estilo narrativo de Matute es simbólico y ofrece una dualidad: un texto en el que se narra con sensibilidad una historia protagonizada por una niña pero con un contenido agridulce. Todo ello con un lenguaje que combina con éxito realismo, ternura, magia, lirismo.

Como tema principal destacaría la intolerancia de los adultos ante lo que ya no es útil.

Matute desarrolla hábilmente este tema estableciendo una relación entre Fausto y el abuelo. Desde la llegada de Fausto, el abuelo se queja de su presencia, siendo su objeción principal que se trata del gato “más inútil y zángano que he visto”. A lo largo del desarrollo del cuento, Matute aumenta las similitudes entre el abuelo y el gato: por un lado, los dos están enfermos y cerca de la muerte (Fausto con su piel “rojiza y apolillada”; el  abuelo con la piel “amarilla y rugosa”), y por otro, los dos son inútiles en sus respectivas áreas para conseguir alimento (Fausto es incapaz de cazar ratones o luchar por la comida, y, en el caso del abuelo, no logra ganar dinero para poder alimentar a su nieta, incluso ya se le están vetando calles para tocar el organillo). Sin embargo, ambos tienen una utilidad  a los ojos inocentes y sensibles de la niña: la compañía. Tanto el abuelo como el gato suponen la única fuente de afecto para ella.

Al final del cuento, cuando el abuelo está contando sus ínfimas ganancias del día, se da cuenta de que su posición es tan inútil como la del gato. Al tomar conciencia de esta similitud, el abuelo se emociona al saber que el gato ha muerto. Si la sociedad expulsa o se deshace de los que ya no sirven, su destino es tan trágico como el del gato.

Otro tema a destacar son las carencias, no tan solo materiales (abuelo y niña son pobres), sino afectivas. Ambos son la única compañía para uno y otra. La entrada de Fausto en sus vidas, pudiendo constituir una fuente de compañía, es bloqueada por la negación del abuelo a mantener con ellos a un gato «inútil». La niña, con su mirada inocente y compasiva, lucha todo lo que sabe para desmontar esa idea a los adultos (se enfrenta al abuelo; al capellán…). Otra carencia es la de los nombres. En el texto desconocemos el nombre de la niña y su abuelo, tan solo sabemos el nombre del gato que se humaniza con su bautizo.

El final, que nos deja sobrecogidos y con un nudo en la garganta por la brutalidad de la muerte del animal, refleja la victoria de la visión del mundo adulto sobre la mirada infantil. Muere el cuerpo de Fausto y también muere el alma de la niña.

Esta evolución de la mirada de la niña, la trasmite con acierto Matute cuando narra el primer encuentro de la niña con el gato al confundir el destello de sus ojos con dos cristales/estrellas y cómo la visión que tiene de los ojos del animal se ha transformado tras su expulsión de la capilla «brillaban, brillaban. Pero ya no parecían estrellas. Ningún cascote de botella parece un lucero».

 

En conclusión, un cuento con el que Matute nos narra con delicadeza la dura entrada en el mundo adulto de esa niña que colecciona cristales rotos y trata de sobrevivir a la crueldad que la rodea. Vale la pena asomarse a los cuentos de Matute, a pesar de la dureza de su contenido, también hay belleza en la cruda realidad. 

2 Comentarios

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