El asesinato de Roger Ackroyd – Agatha Christie

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El asesinato de Roger Ackroyd | Agatha Christie | 224 páginas | Ed. Molino

 

Sinopsis

Mrs. Ferrars ha muerto víctima de una sobredosis de somníferos. Hace un año, su marido murió al parecer de una gastritis aguda. Caroline Sheppard, la hermana del médico del pueblo, sospecha que fue envenenado. Poco después, Roger Ackroyd, el terrateniente de la villa, aparece muerto con una daga tunecina clavada en la espalda.¿Estarán las tres muertes relacionadas? ¿Tendrá Caroline razones para sospechar? Afortunadamente al pueblo ha llegado un nuevo vecino, un hombre bajito de grandes bigotes, que se ha retirado a descansar y a cultivar calabacines.

“—Quisiera que usted me dijera lo que piensa en realidad —exclamé de pronto.

Poirot dejó su taza en la mesa.

—¿Lo desea usted?

—Sí.

—Usted ha visto lo mismo que yo. Nuestros razonamientos deberían coincidir.

—Temo que se burla de mí —dije secamente—. No tengo experiencia en estos asuntos.

Poirot me miró con indulgencia.”

Mis impresiones

Todo un reto reseñar esta novela, porque nadie debería decir nada sobre ella, tan solo limitarse a recomendarla. Por eso la reseña será breve e iré al grano: os la recomiendo.

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Agatha mira fijamente a tus ojos y te reta a que descubras quién mató a Roger Ayckroyd. 

Dice la Wikipedia que “en 2013, su obra El asesinato de Roger Ackroyd fue elegida como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por 600 miembros de la Asociación de Escritores de Crimen.”  Bien, doy fe de que también lo es para mí junto a Diez negritos.

Esta novela es un juego de la autora con el lector. Un juego en el que nos dejamos enredar por la habilidad e ingenio de la señora Christie y en el que como jugadores que somos debemos elegir qué queremos creer. Escrita en 1926, esta novela innovó totalmente los cánones de la novela policíaca  y logró un gran éxito de público y crítica.


Narrado en primera persona por uno de sus protagonistas: el doctor Sheppard. La arquitectura de esta novela se asienta sobre capítulos cortos dedicados a revelarnos datos acerca de los sospechosos y de los acontecimientos que sucedieron en aquella semana de septiembre a la que se alude. Los diálogos son divertidos y ayudan a profundizar en la psicología de los personajes. Es una lectura ágil pero no hay que confundirla con ligera. Agatha hace que pienses que cada palabra no está escrita por casualidad.

– Les femmes – generalizó Poirot – son unos seres maravillosos. Inventan, se dejan llevar por la fantasía y milagrosamente aciertan la verdad. Las mujeres observan de un modo inconsciente mil detalles íntimos, sin saber lo que hacen. Sus subconscientes añaden esas cositas unas a las otras y a eso le llaman intuición. Yo tengo mucha experiencia en psicología. Conozco bien todo eso.


Como suele ser habitual, todo comienza con un crimen. En este caso, la muerte de Mrs Ferrars y el posterior asesinato de Roger Ackroyd. Se trata de dos muertes que, en apariencia, no tienen nada en común; pero no tardaremos en descubrir lo muy relacionadas que están.

James Sheppard, el médico rural, vive junto a su hermana Caroline, una gran aficionada al cotilleo, en el tranquilo pueblo de King’s Abbot. Ambos tienen un nuevo vecino, que resulta ser Hércules Poirot. El peculiar Poirot aparece como un detective jubilado que se ha retirado a King’s Abbot para cultivar calabacines. Con el asesinato de Mr Ackroyd, Poirot retoma su actividad detectivesca, pone en marcha sus “células grises” y nos conduce de la mano para despejar todas las incógnitas del crimen. Sheppard colabora activamente con  Poirot en la investigación y nos sirve de testimonio directo de la resolución del caso en el que todos los personajes que aparecen son sospechosos.


Uno de los puntos fuertes de la escritura de Agatha es que siempre juega limpio con el lector. Ni Deus ex machina, ni giros impensables, ni basajauns. Agatha distribuye toda la información sobre el crimen a lo largo de la novela para que el lector saque sus propias conclusiones. Eso es lo que hace que se disfruten tanto sus novelas, porque nos acabamos sintiendo parte activa de la resolución.

Y hasta aquí la reseña.

No es que no pueda contar más. Es que no debo. Por respeto a la novela y a las células grises de mis colegas lectoras/es.

¿Alguien en la sala se atreve a resolver este caso?

“Compréndanme bien: quiero llegar a la verdad. Ésta, por fea que sea en sí, es siempre curiosa y siempre resulta hermosa para el que la busca con afán. ” p. 117

 

 

 

 

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