París era una fiesta – Ernest Hemingway

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París era una fiesta (A moveable feast) | Ernest Hemingway | Trad. Gabriel Ferrater | 1964 | Seix Barral | 205 páginas

 

Sinopsis

Publicada póstumamente en 1964, París era una fiesta es la obra más personal y reveladora de Hemingway, quien, ya en el crepúsculo de su vida, narra aquí los dorados, salvajes y fructíferos años de su juventud en el París de los años veinte, en compañía de escritores como Scott Fitzgerald o Ezra Pound, la llamada «generación perdida», según la popular denominación acuñada en aquella época por Gertrude Stein, mítica madrina del grupo.

“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará , vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.”

De una carta de Ernest Hemingway a un amigo (1950)

Mis impresiones

Podría decirse que París era una fiesta es una mirada al pasado con la perspectiva algo distorsionada que puede darnos la nostalgia. En sí, esta recopilación de relatos es la crónica de la formación de un joven escritor, retrato de una ciudad perdida, oda a la amistad y verdadero testamento literario de Hemingway.

París era una fiesta es un viaje literario a la Europa de principios del siglo XXLos hechos que narra Hemingway abarcan su época en París de 1921 a 1926 (los locos Años 20), cuando trabajaba como periodista para diferentes periódicos norteamericanos y empezaba a perfilar su estilo narrativo.

Éramos muy pobres pero muy felices”, afirma Hemingway en uno de los relatos. Él y su primera esposa, Hadley Richardson, se instalaron en el Barrio Latino. Ernest había llegado a París con un objetivo claro: ser escritor. El matrimonio se sintió deslumbrado, de inmediato por la luz y la energía de  la capital. Así, se integraron rápidamente en las calles, bulevares, callejones, cafés, museos y parques. Cada día, Ernest acudía a los cafés y braserías con su arsenal: una libreta de lomos azules, dos lápices y un sacapuntas. Además,  llevaba siempre encima una castaña de Indias y una pata de conejo en el bolsillo derecho para que le diera buena suerte.

La crónica no sigue una línea temporal contínua, más bien es una caja de recuerdos. Memorias de los días de almuerzos frugales, escritura con disciplina a la caza de la palabra o frase que mejor condensara lo que quería decir. Tiempos de revolución creativa, de carpe diem, de pocas monedas en los bolsillos y de hambre creativa y del cuerpo. La pobreza está muy presente en toda la obra. “En aquellos días no había dinero para comprar libros. Yo los tomaba prestados de Shakespeare and company, que era la biblioteca circulante y librería de Sylvia Beach, en el 12 de la rue de l’Odéon.”

Hemingway lleva el hambre como puede, incluso dice que el hambre le da disciplina y oculta a su mujer que no almuerza al mediodía fingiendo invitaciones a comer de amigos; también es capaz de gastarse ahorros en un viaje de dos días con Fitzgerald o de invertirlo todo en las carreras de caballos.

Dos mujeres en la vida parisina de Hemingway: Sylvia y Gertrude

De ellas quería hablar con esta reseña.

A lo largo de París era una fiesta vemos la estrecha relación de Hemingway con dos mujeres. Una es la librera y editoria Sylvia Beach y otra es Gertrude Stein. De la primera, Hemingway dice “Tenía las piernas bonitas y era amable y alegre y se interesaba en las conversaciones, y le gustaba bromear y contar chistes. Nadie me ha ofrecido nunca más bondad que ella“.

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Sylvia Beach en su ya icónica Shakespeare and Company

 

Sin duda, Beach ofrece a Hemingway algo muy valioso: dinero y libros. La librera y el escritor establecen una relación de amistad y confianza. Hemingway, agobiado porque no consigue publicar ninguno de sus relatos, recibe de Beach unas palabras de aliento que sin duda me parecen todo un regalo “Pero hombre, Hemingway, no piense en lo que sus cuentos rinden ahora. Lo que cuenta es que sea capaz de escribirlos“. Pero al ambicioso Hemingway eso no le basta. Necesita publicar, sentir el éxito y fama.

M24554-16 001En cuanto al retrato de Gertrude Stein, por las palabras del escritor, se deduce que su amistad terminó con el poso amargo de las amistades que se deterioran y rompen. El escritor, joven, atractivo y con ambiciones, fue muy bien recibido en París, en el piso de Stein. Allí, escritor y escritora, hablaban horas y horas sobre la vida, el arte, la literatura.

“Ella tenía tanta personalidad que cuando quería ganarse a alguien, no había modo de resistirse.”

La personalidad de esta mujer atrajo a Hemingway; sin embargo, Hadley era relegada a conversar con la “compañera de piso” de Miss Stein, Alice Toklas. Gertrude es descrita como una mujer de carácter fuerte y carismática; rodeada de grandes personalidades como Picasso, Sherwood Anderson, Fitzgerald; pero con la necesidad de publicar manuscritos y ganar dinero y poder mantener ese estilo de vida. “Ella nunca hablaba bien de ningún escritor a no ser que hubiera escrito algo en favor de ella.”

Ella definió a la generación de escritores que se reunía en su piso como la Generación Perdida, comentario que contó con el absoluto rechazo de Hemingway “Todas las generaciones se pierden por algo”. La amistad con Miss Stein se va deteriorando hasta tal punto que una y otro, ajustan cuentas en diferentes novelas. Hemingway lo hace en “París era una fiesta” y Stein en “Autobiografía de Alice B. Toklas“.

Sobre su mujer, Hadley, Hemingway le dedica palabras llenas de cariño y dulzura y se presenta como un marido leal. Escrito desde la distancia, puede que haya querido idealizar su primer matrimonio.

Yo la quería y no quería a nadie más, y el tiempo que pasamos solos fue de mágica maravilla. Trabajé a gusto y juntos hicimos grandes excursiones, y me creí de nuevo invulnerable, y el otro asunto no volvió a empezar hasta que, a fines de primavera, dejamos las sierras y volvimos a París.

A lo largo de todos los textos hay algo que queda claro: Hemingway tiene un alto concepto de sí mismo.

Hasta entonces, la idea que yo tenia de mi grandeza como escritor es que era un secreto muy bien guardado entre mi mujer y yo y esas pocas personas con las que se puede hablar. Que suerte que Scott hubiera llegado a la misma satisfactoria conclusión acerca de mi grandeza.

Sabemos que Hemingway era excesivo, un auténtico vividor. Bebedor empedernido (en sus relatos no lo oculta) y mujeriego, a pesar de retratarse como un buen marido que rechaza proposiciones de otras mujeres. Aficionado a las carreras de caballos (hasta que las deja porque le cuestan dinero).

No cita a ninguna autora de la época. Absolutamente ninguna. Esto, cuanto menos, me parece un dato curioso, teniendo en cuenta que convivió en el París que también vivió  Némirovsky

Como escritor, Hemingway personificó la importancia de una buena compañía e incluso de buenos alimentos y bebidas. Un carpe diem auténtico. Evoca una sensación de añoranza por el lugar que una vez vivió y amaba tanto. Su estilo narrativo, tan directo y familiar, nos regala una posible conversación imaginaria con el Mr. Hemingway en una mesa del Café Amateur, copa de vino en mano. Sin duda,  un libro al que volver. 

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