El maestro de almas – Irène Némirovsky

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Le maître des âmes | Ed. Salamandra | Trad. José Antonio Soriano Marco | 206 pgs.

“¿Por qué para otro la vida tenía un sabor útil y delicioso? En él era un alimento crudo y grosero que había que buscar con esfuerzo, que arrancar con empeño. A dentelladas, cuando no había más remedio. ¿Por qué?” (p. 27)

 

La profusión creativa de Némirovsky nos permite seguir disfrutando de su talento años y años. Pese a que por su breve longitud, El maestro de almas podría ser devorada en poco tiempo, me di el gusto de saborearla y de volver a conectar con una autora que sencillamente, me entusiasma. 

El maestro de almas fue publicada por entregas entre mayo y agosto de 1939 en la revista semanal Gringoire. La peculiaridad de esta novela es que la leemos tal cual se publicó, lo cual le da un ritmo dinámico y ágil y, en mi opinión, más natural y honesto (tal cual se escribe, tal cual se lee). Por esa misma razón, es justo decir que queda algo descolgada en algunos aspectos o con información a veces repetitiva o incompleta; pero sin restar ni un ápice de la mirada incisiva tan característica de Némirovsky. Destacan los pocos personajes y sin embargo muy completos; y los capítulos breves (36) que empiezan y se cierran en un par de páginas.  

Dario Asfar es el eje la narración. Se trata de un joven médico originario de Crimea que vive en Niza junto a su mujer, Clara y su hijo, Daniel. A lo largo de 36 minicapítulos seguiremos su camino desde sus difíciles inicios en Niza hasta su vejez. En un intento desesperado por aumentar su clientela y mejorar su posición social, Dario aprovecha el auge del psicoanálisis en la Europa de esa época y crea su propio método terapéutico de “curación” del alma, convirtiéndose en un “maestro de almas” para sus pacientes y un charlatán para la competencia. Los ricos burgueses no tardarán en picar el anzuelo. 

“—Túmbese ahí, en ese diván. No hable. Ni una palabra más. ¿Ve? Le pongo las manos en la frente. Lo calmo. Escuche mi voz. No desespere. Al revés, alégrese. Va a curarse. Va a salvarse.” (p. 171)

Los intereses de Dario son el prestigio, el dinero y las mujeres. Dario quiere escalar en la sociedad a toda costa y dejar de ser “el médico extranjero”. Piensa, ingenuamente, que con una posición económica elevada los franceses de la alta sociedad le verán como un igual (tema que Némirovsky ya había explorado en El Baile, David Golder y Los perros y los lobos). Su método es su particular pacto con el diablo (si se me permite la comparación con Fausto de Goethe) pues le abre las puertas a una vida llena de lujo y comodidades; pero le ciega ante las consecuencias de esa nueva vida.

Y a pesar de reunir todas las características de un personaje antipático y ruín, cómo reaccionará Dario ante los baches es lo que nos mantiene en vilo a lo largo de toda la lectura. 

“A poco que haya sido vivida plenamente, cualquier vida contiene innumerables errores y pecados. […] Así que no menosprecie su pasado ni a las personas a quienes ha conocido ni a usted mismo.” (p. 69)