Leporella – Stefan Zweig

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Leporella | Stefan Zweig | Escrito en 1929 y publicado en 1935 | 51 páginas

 

Este relato, tan tierno como amargo, nos cuenta cómo se transforman la vida y el carácter de Leporella, cuyo nombre real es Crescencia, una joven de 39 años, cuando entra a trabajar al servicio de un matrimonio aristocrático y malavenido.

“Todo en ella era hosco, áspero y pesado. Pensaba a duras penas y comprendía con lentitud. […] Y nadie la había visto nunca reír” 

Crescencia tiene un físico poco agraciado y un carácter arisco; pero es una trabajadora incansable. El único disfrute de Crescencia es contar cada noche el dinero que ahorra para asegurarse una vejez acomodada. Sus días sirviendo a los barones transcurren monótonos y grises, pero todo cambia cuando en ausencia de la baronesa, empieza a intercambiar palabras amistosas con el barón. A partir de entonces, Crescencia encuentra un nuevo sentido para su existencia en el propósito de servir a su señor. La protagonista se afanará hasta la obsesión en complacerle, incluso aceptará un nuevo apodo, Leporella ( inspirado en la ópera Don Giovanni, de Mozart). Pero el regreso de la esposa hará que se trunque esta situación.

No se trata de una historia de amor, y si lo es, es un amor amargo. Zweig nos habla de cómo una persona puede cambiar la existencia de otra sin apenas llegar a conocerla (o interesarse por ella), tal y como también retrata de manera excepcional en Carta de una desconocida. 

“¿quién vuelve la cara hacia su propia sombra? La sabemos fiel y muda siguiendo nuestros pasos, a veces adelantándose como un deseo todavía no formulado, pero ¡qué rara vez nos molestamos en observar sus formas paródicas y reconocer su yo en la deformación de éstas”

Destaco en la escritura de Zweig el interesante retrato psicológico de los personajes, una narración ágil y de prosa exquisita. Como suele ser habitual en sus relatos, la trama está bien conducida con algunos destacables giros (hacia el final, el relato toma una atmósfera inquietante) para conducirnos a un inevitable desenlace.

Lo de menos es cómo termina, sino cómo nos atrapa desde sus primeras líneas y nos arrastra hacia sus últimas páginas. Magistral, Zweig.