Una temporada en el purgatorio – Dominick Dunne

 

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—Oh, no, no, querida. El purgatorio es un lugar para la contemplación de lo que viene, de reparación por lo que queda atrás, de purificación y expiación. Es la preparación para el encuentro con Dios.  (Grace Bradley) (p.434)

 

Una temporada en el purgatorio  (1993) de la editorial Libros del Asteroide, escrita por  el norteamericano Dominick Dunne (1925-2009) y traducido por Eva Millet ha sido la última lectura del año del Club de Lectura de Binissalem.

Dinero, poder, dinámicas familiares, justicia, valores corrompidos, adicciones (alcohol, sexo) y la fascinación que estos elementos combinados ejercen en muchos lectores (entre los que me reconozco) es lo que nos trae esta novela. En sí, la novela habla de una justicia moral, más que legal.  

Una temporada en el purgatorio es una novela vibrante sobre la capacidad de influencia de las clases privilegiadas, cuyo control sobre las distintas esferas del poder (justicia, medios de comunicación, Iglesia, policía…) les permite moldear la verdad a su antojo. Las casi quinientas páginas se leen con fluidez, fáciles y directas, sin artificios. Los abundantes diálogos son absolutamente brillantes (en especial los que mantiene Harrison con cualquier miembro de la familia Bradley). La estructura está bien lograda, dividida en tres partes, que corresponden a tres fechas sucesivas: 1972, 1989 y 1993, y que distribuyen muy bien el ritmo de los acontecimientos desde la semilla/suceso que supone el punto de partida para la interesante trama hasta llegar al final.

Dunne dosifica la información con inteligencia y prudencia, logrando así prolongar la intriga hasta el final. Un final del cual decido voluntariamente no pronunciar ningún adjetivo para no desvelar nada ni romper la magia de esta lectura. Pues esta es una de esas novelas en las que cuanto menos se sepa, mejor.

Pero, ¿qué relata Una temporada en el infierno?

Los Bradley, una rica y poderosa familia norteamericana de origen irlandés, saben cómo silenciar cualquier escándalo que pueda salpicar su reputación. Gobernados, más que liderados, por su patriarca, Gerald, los Bradley representan la impunidad de ciertas esferas ante la justicia. 

Gerald está empeñado en que su hijo predilecto, el carismático Constant, llegue un día a ser presidente de los Estados Unidos. Una noche de verano, después de un baile en el club de campo, una joven es asesinada y Constant se convierte en el principal sospechoso del crimen. Veintidós años más tarde, el famoso escritor Harrison Burns, antiguo compañero de colegio de Constant y viejo amigo de la familia, está decidido a confesar lo que sabe. 

Personajes

El universo de personajes está muy bien dibujados. Podría decirse que por un lado están La Familia (como si de una organización mafiosa se tratara) formada por Gerald y Grace Bradley y sus 7 hijos: Jerry, Mary Pat, Kitt, Desmond, Kevin, Agnes, Maureen y Constant. Y por otro lado, su personal al servicio. En este grupo incluyo a todas las personas a quienes los Bradley manejan a su antojo a base de manipulaciones o sobornos. Todos y cada uno de ellos están perfilados con un retrato feroz y completo. Incluso personajes que tan solo aparecen en un par de líneas (personal de servicio, cónyuges, matones a sueldo, abogados, o amantes) quedan retratados de manera muy precisa.  

La novela tiene dos antagonistas: la integridad y la corrupción. Es decir, La Familia (en la piel de Constant) y Harrison Burns. Harrison, que pertenece al personal al servicio por el uso que de él hace La Familia, es el narrador de este relato de casi 500 páginas. Harrison actúa como la voz de la conciencia. Un tipo que vive torturado por lo que sabe y que no puede comprender que otros hayan seguido medrando en la vida, con una absoluta capacidad para olvidar. Harrison podría ser ese tipo de personas que están en el lugar inadecuado en el momento inoportuno; pero su personaje toma decisiones que encarnan la frase de que nunca es tarde para hacer las cosas correctas, para hacer justicia, para hacer lo que hay que hacer para dormir con la conciencia tranquila. 

En ese sentido, Harrison nos recuerda a un poco al personaje de Nick Carraway en El Gran Gatsby y también al de Briony deExpiación. Ambos narradores y testigos-protagonistas de los acontecimientos que relatan.

—Es un tipo duro —dijo Sims Lord, informando de la reunión. 

[…] No quiero decir duro en el sentido de un ring de boxeo, Jerry. Me refiero a un tipo de dureza más correosa. Podríamos llamarla integridad.  (p.342)

Otro de los motivos por lo que me siento satisfecha con la lectura es que para cuando el lector se da cuenta, al igual que le sucede a Harrison, también ha caído fascinado por los Bradley, por esas personas que se toman la vida de los demás a su antojo, compran voluntades como si compraran cortinas nuevas, sobornan, viven y actúan por encima de la ley porque saben que pueden hacerlo, porque se mueven en un círculo de hipocresía que les protege. En definitiva, que no tienen amigos, sino personas que les deben favores. Pero así como se rompe el hechizo de Harrison con los Bradley, también se nos rompe a nosotros. El viaje personal que hace el personaje de Harrison es un viaje que también comparte el lector. 

«He llegado a la conclusión de que hay un plan trazado para cada vida, y que estos encuentros, que escapaban por completo a mi control, formaban parte del mío, del que me conducía hasta este día». (p.386)

Harrison también somos nosotros, los lectores, pues somos testigos y cómplices silenciosos de las artimañas de la familia. Harrison elige hablar, pero otros personajes que también conocen la verdad, deciden callar y apoyar en secreto a Harrison. Y es inevitable caer en la dichosa pregunta así como se avanza en la lectura «¿Qué hubiera hecho yo en el lugar de Harrison?». 

Es inevitable jugar, a lo largo de toda la lectura, a vislumbrar a qué personajes famosos de la historia norteamericana se refiere. Los Kennedy, son el apellido que más resuena en el lector. Pero yo creo que esta novela no tan solo retrata un mundo de billonarios, sino que en mayor o menor medida, todos hemos podido conocer historias de personas que viven en nuestra misma comunidad que han podido silenciar la verdad con sobornos, conseguir favores políticos o que ascienden socialmente a base de triquiñuelas, usando/manipulando a las personas para lograr sus objetivos. 

Una lectura más que recomendable.