Catedral – Raymond Carver

Catedral

Catedral, forma parte de una colección publicada en 1983 y que lleva por título el de ese relato.

Raymond Carver (1938-1988), cuentista, poeta  y ensayista estadounidense, pionero de una generación de escritores enmarcados en el “realismo sucio” (como Richard Ford, Raymond Chandler, Bukowski, etc.). Carver representa a la precisión narrativa, la importancia de la oportunidad de la palabra exacta bien aprovechada. Sus textos son sencillos, sin grandes recursos literarios, parco en adjetivos y adverbios. Los protagonistas de sus relatos suelen ser anti-héroes, personas corrientes en su vida cotidiana. Carver es un experto en el “show don’t tell”, muestra de ellos es que describe a los personajes por el lenguaje corporal de éstos.  La clave de su literatura está en encontrar el mensaje que se esconde detrás de las vivencias más simples de los personajes.

Mis impresiones

Lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro. Esto sería una explicación simplona de lo que es Catedral, pero es lo que no podía dejar de sentir al leer el relato. Así, pues, el baúl de las creencias y prejuicios del protagonista se abre a través de lo que piensa sobre su invitado. El protagonista es hosco, frívolo, un tipo muy cargado de prejuicios, descortés en su trato al invitado y que apenas disimula su fría relación con su mujer.

El relato apenas tiene acción, es corto pero tan intenso. Sirviéndose del arquetipo del extraño que aparece para alterar la situación, en este caso el amigo invidente (y antagonista), el narrador nos guía fragmento a fragmento hasta un redondo final.

Un relato que nos habla de la virtud de la confianza, del dejarse llevar y que recuerda que los cambios profundos suceden a partir de movimientos sutiles, con imprevisibles momentos, los que ocurren de repente, como es el caso de este relato, sin que el lector pueda preverlo. Una muestra de que en la literatura, como en tantas otras cosas, menos es más.

 

En la televisión había algo sobre la iglesia y la Edad Media. No era un programa corriente. Yo quería ver otra cosa. Puse otros canales. Pero tampoco había nada en los demás. Así que volví a poner el primero y me disculpé.

-No importa, muchacho -dijo el ciego-. A mí me parece bien. Mira lo que quieras. Yo siempre aprendo algo. Nunca se acaba de aprender cosas. No me vendría mal aprender algo esta noche. Tengo oídos.