Picnic en Hanging Rock – Joan Lindsay

«Todas podían ver ante ellas el pelo liso y rubio de Miranda, agitándose sobre sus esforzados hombros, surcando, ola tras ola, aquel mar verde grisáceo. Hasta que por fin, al llegar a un pequeño precipicio sobre el que se derramaban los últimos rayos d esol, la maleza se hizo menos espesa. Así era cómo, a lo largo de un millón de atardeceres estivales, caían las alargadas sombras sobre los riscos y las cumbres de Hanging Rock.» (p.64)

Picnic en Hanging Rock | Joan Lindsay | 1967 | Impedimenta | 307 pgs.

Sinopsis

Febrero de 1900. Un grupo de alumnas del selecto colegio Appleyard para señoritas se dispone a celebrar un picnic el día de San Valentín. Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido.

Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.

Mis impresiones

Picnic en Hanging Rock fue el libro cuya cita inauguró este blog hace ya 5 años. Hace dos años decidí eliminar los íncipits o primeras líneas. Aun así, en homenaje a los 5 años que cumple mi blog, reseño esta novela.

En esta ocasión, primero vi la película y luego, leí el libro. La película de Peter Weir, de 1975, la vi siendo una pre-adolescente y recuerdo la melodía de la flauta que acompañaba a las imágenes de las muchachas caminando entre pasadizos de rocas (compuesta por Gheorghe Zamfir). Película que, por cierto, volví a ver motivada por la lectura de la novela y creo que es una buena adaptación capta la esencia del libro y sus metáforas y abarca la magia de la novela.

Joan Lindsay  (1896 – 1984) escribió Picnic en Hanging Rock en tan solo cuatro semanas. Aquí podéis visitar dónde la escribió así como la máquina de escribir que utilizó y su escritorio.

No pretendo hacer una reseña muy completa pues mi intención es proponer la lectura, invitaros a que la descubráis y disfrutéis y no tanto ofreceros un análisis exhaustivo. Para eso, hay muchísimos otros blogs donde encontrarlo.

De la novela, destacaré la trama tan bien hilada: cómo Lindsay nos explica los hechos (casi como una investigación policial) y, sobre todo, las consecuencias. La novela sigue la estructura de que algo sucede que pone del revés el mundo tal y como era. Es una novela con muchas capas. No es que sea una novela de misterio, sino que es una novela SOBRE el misterio. Es ficción y parece que sin embargo, sucedió.

En cuanto a los personajes, diría que es una novela coral pero sobresalen la señorita Appleyard, la directora del colegio y que representa disciplina, orden establecido, lo estático; las alumnas desaparecidas — en especial la inalcanzable y bella MIRANDA, que es el sol en torno al que giran el resto de personajes (se refieren a ella como un cisne blanco o un ángel)— y a ellas los acompañan: las institutrices, el personal que trabaja en el colegio y quienes asumen la investigación del caso. El protagonismo, eso sí, es absolutamente femenino.

No se puede obviar el otro gran co-protagonista: el paisaje que encarna el misterio, el cambio, lo salvaje, la libertad, lo inesperado. Las descripciones referidas a la Naturaleza son casi oníricas, ayudadas de una prosa sensorial. que te permite acariciar las rocas o sentir el asfixiante calor australiano. El paisaje interactúa con el resto de personajes: atrae, asfixia, oprime, invita a la libertad (cuando las alumnas se descalzan para pisar la hierba con los pies desnudos). El entorno también las asfixia, así como lo hacen la rutina del colegio, el ambiente opresivo en el colegio. Todas, alumnas y profesoras, sufren de la opresión.

Lo atractivo de Picnic en Hanging Rock es el tono y la atmósfera de misterio que impregna todo el texto. La autora quiere que dudes en todo momento sobre si lo que has leído es realidad o un sueño. La historia está narrada con precisión y con muchísimo simbolismo. Así, el colegio encarna la estructura inamovible, lo que no cambia y la naturaleza sería lo salvaje, la libertad. La excursión y desaparición de las jóvenes vendría a simbolizar la liberación femenina en una época encorsetada.

Lindsay conocía el valor que Hanging Rock tenía para las comunidades nativas aborígenes y, por lo que he leído, compartía la creencia de que existen lugares mágicos o con una carga espiritual especial. Creo que parte de esa afinidad con la tradición indígena se refleja también en el tratamiento que hace de la naturaleza en general y de los animales en particular como símbolo de transformación (ese ualabí que siempre parece rondar la roca, lagarto, escarabajos, serpientes, nidos…). El animismo está presente en el sistema de creencias indígenas australianas, en concreto, que los humanos son capaces de transformarse en animales es una de ellas. Las alumnas y la profesora se quedan dormidas y cuando despiertan, puede que ya no sean las mismas.

Tiempo después leí el cuento Monte Verità de Daphne du Maurier y me recordó a esta narración. Montañas que “llaman” literalmente a mujeres.

En definitiva, una novela absolutamente recomendable que te invita a releerla años después y percibir detalles distintos.

Por cierto, el libro originalmente contaba con un capítulo más — el famoso capítulo 18—, pero los editores convencieron a la autora para eliminarlo y dejar la historia más abierta, (opinión que comparto). En 1987, el capítulo 18 se dio a conocer en una proyección especial de la película, en un colegio a metros del parque nacional donde hoy está ubicada la roca. No aclaraba ni revelaba demasiado. Actualmente, Hanging Rock es el lugar favorito en Australia del Sur para festejar el día de San Valentín, y hasta el momento no se ha registrado allí ningún hecho misterioso.