La Mamma – Mario Puzo

En unos tiempos en los que abunda el consumo inmediato y voraz de lecturas que apenas exigen concentración (“lee cada vez más y en menos tiempo”), se agradece poder disfrutar de lecturas para lectores con horas y obras a sus espaldas y que no temen darle tiempo al texto para saborearlo; porque saben que son las lecturas que te conducen suavemente, página a página, las que te ofrecen una experiencia lectora incomparable. Este es el caso de La Mamma.

La Mamma llegó a mis manos (y ojos lectores) gracias a la generosidad de un amigo de la familia que nos hizo entrega de tres cajas repletas de libros procedentes de su biblioteca. Un día te pones frente a tu biblioteca y dices «este se va, este se queda». De esta manera tan práctica, llegó La Mamma junto a otros títulos que iré reseñando a lo largo del 2021, pues he tenido la suerte de recibir a Eco, a Margaret Mitchell, Warthon, las hermanas Brontë, etc.

No había leído nada de Mario Puzo aunque sí había visto El Padrino I, II y la III. Así que me asomé sin expectativas pero con mucha curiosidad a esta novela.

«Lucía Santa defendía vigorosamente al organismo familiar contra los rigores del tiempo: el crecimiento de los hijos, la muerte de los padres, y todos los cambios de circunstancias. Vivía cinco años en un instante, y llevaba con ella los recuerdos, buenos y malos, que forman la verdadera sustancia de la vida y que fortalecen el espíritu» p. 241

MIS IMPRESIONES

La Mamma se asoma a la vida de Lucía Santa, una emigrante italiana, madre de seis hijos que vive en la Décima Avenida de Nueva York, en la zona conocida como Little Italy, y que recibía a miles de italianos y otros europeos en busca de fortuna.

Durante toda la lectura se desprende un tono autobiográfico. Hay matices, detalles que trascienden la mera ficción. O al menos eso me pareció a mí. He podido confirmar la mayoría de esas impresiones al documentarme para esta reseña, algo que he hecho a posteriori de la lectura, pues así mantengo frescas mis impresiones y no me dejo influir. Después, con la documentación, las piezas encajan en el puzzle.

La narración arranca en 1928 y, a lo largo de 26 capítulos cortos, hace un recorrido de la familia Angeluzzi-Corbo a lo largo de casi dos décadas, coincidiendo con el final de la Segunda Guerra Mundial.

«No se hacía ilusiones con respecto a los seres humanos. No eran malos; su malicia no era deliberada. Pero el dinero era Dios. El dinero proporcionaba libertad. El dinero daba esperanza. El dinero daba seguridad. ¿Renunciar al dinero? Era lo mismo que pedir a un cazador que abandonara su escopeta en la selva. […] El dinero era una nueva patria». p. 106

La Mamma es una novela familiar y costumbrista. Con un personaje sobre el que gira toda la novela y que da nombre al título, la omnipresente Lucía Santa, una Mamma italiana, orgullosa de sus orígenes y con el obstinado propósito de mantener unida a la familia, pese a los vaivenes del destino que ella trata de capear como bien puede o sabe (aunque no siempre acierte o encuentre la empatía del lector —así es, algunos hechos, Mamma Lucía, no son acertados, y si me apura, signora, son crueles).

«Para Lucía Santa no había esperanza, a pesar de que en modo alguno se había resignado a su suerte» p. 12

Puzo teje con sumo realismo y profundidad cada uno de los personajes: tanto a la familia como los que hacen fugaces apariciones estelares. Considero un acierto el que se nos presente a cada uno de ellos a través de gestos, apodos o acciones que los redondean, así como que se nos exponga de manera directa y sin algodones tanto sus luces como sus sombras. Efectivamente, Puzo no adorna la miseria con valores cristianos o “buenismo”. En la Décima Avenida todos luchan por sobrevivir y eso a veces lleva a encrucijadas morales de las que no salen indemnes. Pero vamos con los principales protagonistas: la familia. Por un lado, tenemos a Lucía Santa, madre de Larry (Lorenzo), Octavia y Vincenzo Angeluzzi, viuda de Anthony Angeluzzi, y ahora esposa de un melancólico Frank Corbo y madre de sus tres hijos: Gino, Salvatore y Aileen.

Junto a ellos tenemos a Zia Louche, la leal comare de Lucía Santa; el panettieri y su hijo Guido, que introducirán a Larry en el rentable y suculento mundo del crimen organizado (por el cual el autor ya empieza a dejar pistas de su posterior obra, con el personaje de Di Luca; los dueños de la cantina; el doctor Barbato; el judío aspirante a poeta y esposo de Octavia, Norman Bergeron.

«Sentía por el heroísmo masculino aquel secreto desdén que muchas mujeres sienten, pero que nunca se atreven a expresar; el orgullo que los hombres sienten por sus “hazañas” lo encuentran infantil, porque, después de todo, ¿qué hombre se atrevería a arriesgar su vida día tras día, año tras año, como todas las mujeres lo hacen en el acto del amor? Ellas son las que traen los hijos al mundo. Ellas son las que, año tras año, dejan que su cuerpo se convierta en una caverna ensangrentada. Los hombres, si tuvieran que soportar lo que soportan las mujeres, no estarían tan orgullosos de su nariz ensangrentada o de un corte en la mejilla» p. 98

¿Qué podría decir de la trama? La Mamma recoge varios fragmentos del día a día de la familia Angeluzzi-Corbo a lo largo de dos décadas, como por ejemplo: los dos hermanos, Gino y Vinnie, sentados en el alféizar de una ventana compartiendo complicidad e intimidad; corrillos nocturnos en las noches de verano entre las comadres italianas hablando de la añorada Italia y criticando las costumbres americanas que no logran comprender; la picardía en el arte de ligar de Larry; los sueños de Octavia, la hija mayor, por construir una vida alejada de la que lleva su madre y sus desencuentros con ella; la soledad de una madre que no cuenta con un compañero de vida a su lado que le aporte compañía y apoyo; pobreza y miseria que se esfuman cuando la familia se reúne en torno a la mesa de la cocina y disfrutan del máximo lujo que Lucía Santa se permite y permite a la familia: carne, aceite y pasta, adobada por los gritos y regañinas entre hermanos.

Así, los Angeluzzi-Corbo sortean los años de la Gran Depresión, de la vida post-la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que superan las dificultades de su precaria situación y tratan de sobreponerse a las pérdidas familiares.

Es un libro que habla de la lucha de cada uno de los integrantes de la familia por sortear las dificultades de la vida: pobreza, enfermedad y muerte, mientras tratan de encontrar una oportunidad para cambiar su destino y clase social, siempre cuidando, eso sí, de no perder sus raíces. Todos buscan su felicidad aunque en lugares distintos.

«Las mujeres hablaban lo mimos de sus hijos que de las demás personas. Uno de los tópicos favoritos era de qué manera la nueva tierra corrompía a los inocentes».

Hasta el día de su muerte, Mario Puzo consideró a La Mamma como la mejor de sus novelas, incluso por encima de El Padrino. No en vano, fue su propia madre quien inspiró el personaje de Mamma Lucia.

MARIO PUZO – UNA APROXIMACIÓN AL AUTOR

Mario Puzo fue un autor y guionista italo-americano. Su inteligente escritura de ficción criminal e historias de la mafia italiana le otorgó la fama. Puzo conocía muy bien la Décima Avenida retratada en La Mamma pues era hijo de padres inmigrantes pobres de Avellino, Nápoles. Mario nació el 15 de octubre de 1920 en un área de Nueva York conocida como Hell’s Kitchen (La Cocina del Infierno). En sus calles pidió limosna y realizó todo tipo de trabajos precarios. Pero el hambre afiló su ingenio y en su adolescencia era ya un experto jugador de póker. En su adolescencia, abandonados por su padre, la familia se mudó a una vivienda social en el Bronx.

Mario Puzo

La madre de Mario quería que fuera empleado del ferrocarril, pero su hijo, ya letraherido, había empezado a pasar tiempo en las bibliotecas y descubrir diferentes obras de literatura. Aun así, Puzo se graduó en la Escuela Secundaria de Comercio y trabajó como encargado de la centralita de los ferrocarriles para mantener a su familia (trabajo que desempeñan tanto Larry como Gino Angeluzzi en La Mamma). Poco después fue destinado a Alemania y a la India Oriental durante la Segunda Guerra Mundial mientras servía en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. A su regreso a los Estados Unidos, Puzo continuó sus estudios de literatura y escritura creativa en la Universidad de Columbia.


En lo personal, en 1946 Puzo se casó con Erika Lina Broske, a quien había conocido en Alemania. La pareja tuvo cinco hijos. Tras la muerte de Erika en 1978 debido a una enfermedad terminal, Puzo inició una relación sentimental con Carol Gino, la enfermera que había cuidado a Erika. Carol le acompañaría hasta el final de sus días, llegando a terminar de escribir su novela póstuma Los Borgia (publicada en 2005).

En 1950, The American Vanguard publicó el cuento de Puzo, La Última Navidad. Mientras escribía, Puzo trabajó en varias oficinas del gobierno como asistente administrativo y como escritor/editor en diferentes publicaciones. A los 28 decidió iniciar su carrera profesional como escritor y publicó su primera novela, The Dark Arena. Aunque el libro fue recibido con excelentes críticas, no le reportó suficientes ingresos. Diez años después, publicó su segundo libro, La Mamma, que recibió la misma respuesta.

A pesar de que sus dos primeros no le ofrecieron la respuesta esperada (sobre todo a nivel económico), Puzo continuó escribiendo hasta crear El Padrino que se publicó en 1969, con un enorme éxito tanto por parte de la crítica, del público y del mundo editorial (recibió 410.000 $ por derechos de autor), obra centrada en la mafia italiana en Estados Unidos, con sus códigos y sus conflictos, con la que creó para la posteridad el estereotipo del capo mafioso, el de Don Vito Corleone. Según diría Puzo en sus memorias The Godfather papers & other confessions: “Lo escribí por el dinero, tenía 45 años y estaba cansado de ser un artista. Además, debía 20.000 dólares a familiares y bancos”. Un agente literario le propuso la idea y el escritor la aceptó porque las deudas de juego le llegaban al cuello. Así pues, El Padrino permaneció en la lista de bestsellers del New York Times durante 67 semanas, elevando a Puzo como uno de los más grandes escritores. El éxito de la novela dio paso a dos secuelas, El Padrino II y El Padrino III. La saga fue adaptada a la pantalla por el director Francis Ford Coppola, lo que definitivamente hizo de El Padrino un fenómeno mundial.

Después de El Padrino, Puzo continuó produciendo una serie de novelas de gran éxito como Fools die (1978), The Sicilian (1984), The Fourth K. (1991) y The Last Don (1996). Otras dos novelas, Omertá y La familia se publicaron a título póstumo. En julio de 1999, Mario Puzo murió en Bay Shore, Nueva York. “En su escritorio, a modo de epílogo, cocinaba sus últimas dos novelas” (tal y como recoge este artículo de La Vanguardia). Una giraba en torno al papa Alejandro VI, patriarca de la familia de los Borgia. La otra obra en construcción era Omertà, un libro sobre el código de silencio de la mafia siciliana.

Puzo murió dejando un legado no tan solo literario sino también cultural al construir los clichés de la Cosa Nostra en Estados Unidos y de los bajos fondos del crimen organizado.

Como curiosidad, en 1988 Sofía Loren protagonizó la adaptación televisiva de la novela.

Mamma Lucia con sus polluelos.

CONCLUSIÓN

Una obra recomendable para quienes disfruten de lecturas costumbristas o de sistemas familiares, con ritmo ágil y personajes complejos y psicológicamente bien estructurados. Puzo me ha seducido por completo desde las primeras páginas. Una vez te asomas a la vida de Lucía Santa, no puedes dejar de querer compartir con ella sus luces, sus sombras y sus reflexiones vitales en la mesa de la cocina.


Ficha Técnica

La Mamma (The fortunate pilgrim), 1965. 335 páginas

Traducción del inglés por Ángel Arnau. Edición especial para Club Planeta. ​

Documentación y bibliografía de este artículo

· Para la biografía de Puzo – Ficha en la web Famous Author AQUÍ. (En inglés) La traducción es mía.

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